LA CUEVA DE LA
MURCIEGANA
(Guadalaviar, barrio
de San Blas)
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Era un estorbo, pero su hijo le
perdonó la vida y, en secreto, lo llevó a vivir a la Cueva de la Murciegana.
Aquí estarás bien, le dijo, te traeré comida en secreto y podrás disfrutar de
este magnifico paisaje junto al río. Nadie pasa por aquí, pero puedes
esconderte en el interior si temes ser descubierto.
En aquel pueblo habían decidido
matar a los viejos pues, sólo hacían que comer y gastar en medicamentos y no
aportaban nada a la sociedad. Cada casa del pueblo que tenía viejos debería deshacerse
de ellos lo antes posible. Sólo hubo una casa en la que el hijo no quiso
cumplir el acuerdo y llevó a su padre a una cueva para esconderlo.
Pasó el tiempo y vino una época
de malas cosechas, no llovía y no se recogía trigo. Llegó un año en el que
debido a la carestía que se arrastraba, nadie tenía trigo para sembrar. ¿Qué
hacer se preguntaban en el lugar? ¿Cómo resolver este asunto? ¡Moriremos todos
de hambre!
Mas, el hijo que había salvado la
vida a su anciano padre subió a la cueva
a llevarle comida y a pedirle consejo sobre qué hacer, en un momento tan trágico
para todos.
Hijo mío, le dijo el viejo, lo
que tienes que hacer es lo siguiente. Observa a las hormigas, y verás que ellas
si que han sido prudentes y han guardado trigo en su despensa. Busca, pues, en
el campo los hormigueros, los abres y coges las simientes que han guardado las
hormigas. Con esa simiente tendrás suficiente para sembrar este año de apuros.
El hijo hizo lo que su anciano
padre la dijo y, aquel año, sembró y pudo recoger trigo para su supervivencia.
Cuando contó esto en el lugar le
dijeron, eso no es idea tuya, eso es consejo de viejo.
El confesó la verdad, les dijo que él no había
matado a su padre anciano.
Desde entonces decidieron no
matar a los ancianos, pues sus consejos pueden salvar la vida de los demás.
Permanece la Cueva de la
Murciegana, desde entonces, sólo habitada por estos mamíferos voladores.
Hoy los abuelos, gracias a su pensión, son el sostén de muchas familias españolas y colaboran de forma determinante en la crianza y educación de los nietos.
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Hay que oír, siempre, el consejo de los mayores.
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Camino de la Cueva de la Murciegana.
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El Guadalaviar a su paso por la Cueva de la Murciegana.
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