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jueves, 8 de mayo de 2014

Mayo2014/Miscelánea. EL EMBRUJO DE LAS VIÑAS.

Descubre la contrabruja o bruja que va a la contra.
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 HUEVOS FRITOS Y PAJARILLA
(Pura dinamita)
Un frío y estridente grito en la noche del estrecho valle del Frasno, anunció la llegada de las brujas. Se posaron sobre una viña vieja que Conchito tenía plantada en espaldera y a contraluna. Desde esa noche y ese año, las cepas crecieron raquíticas y los granos diminutos. De ellas salía un vino espeso y ácido como el vinagre que comía las paredes del trujal y diluía los pellejos de los botos como el salfumán. La puerta de la casa se cerró de un violento portazo tras atravesar Dionisio el umbral. En el ambiente se palpaba un espeso olor a almizcle de macho cabrío y la luna salía pura y redonda por Santa Quiteria. ¡Noche de brujas! pensó… y quiso quitarse la idea de la cabeza de inmediato. Preparó la leña para encender la chaminera mientras bajaban por la campana que cubre el fogaril rebufos de aire negro y silbidos agudos. ¡Noche de brujas!... volvió a pensar, y tornó ha hacer un ejercicio de desapasionado realismo. En esta época es absurdo pensar en ellas: ¡no existen!
Estaba solo en casa, pues la Josefina se había quedado en Zaragoza para ir de médicos. Se preparó la cena en el butano mientras que el fuego del hogar tomaba fuerza y las cepas se consumían con una llama viva y brillante. El viento, cada vez más huracanado, golpeaba las desvencijadas ventanas de la casa. En el patio, el gato resoplaba y bufaba saltando y dando botes de manera alocada. En el callejón el viento había tumbado el pozal de la ceniza y las macetas de la rumana. Los trastos y antiguallas del portugués volaban por los tejados como plumas sin peso. Nadie se atrevía a salir a la calle y el espanto se apoderaba por momentos del corazón compungido de Dionisio que no acertaba a encontrar el teléfono para pedir ayuda a  su vecina la Celia. “Pero más gran encá se le fizo o espanto en beyer o reboluzio que, en un inte s´eba fecho a o suyo redolín. Os tizóns de o fogaril, como gobernaus por bella fuerza de o más fundo, pretón a tremolar y a sobatir-sen. De o calibo meyo esboldregau rebrincaban firmes flamaradas que s´espardiban por o pretil ta difuera. As purnas de a zenisa brincaban, petenaban por o cremallo enta alto de o tellau y o aire que por a cheminera intraba, como un chilo se clababa en as orellas. O fullín y a zenisa rancada de o fogaril se fundiban en un boira que no deixaba beyer cosa y a casa, tremolosa y sobatida, se borneaba y chiraba arrebol sin aturar.”(tomado de: Ch.C.B.)
Sintió Dionisio dos golpes fuertes en la puerta y despertó de su denso y pesado sueño. Se restregó los ojos y miró alrededor. Todo parecía estar en su sitio. El fuego de la chaminera se estaba apagando y sobre la mesa había una botella de pajarilla y un plato con los restos de unos huevos fritos y unas costillas de conserva (la Josefina le había dicho: "No comas huevos fritos que te sentarán mal"). El gato dormitaba sobre la almohada de una silla ajeno a los golpes que se repetían en la puerta. Se levantó para abrir y era su vecina la Celia… ¡Chico, Dionisio, qué si me puedes dejar un poco de sal! Pero…, qué te pasa, tienes mala cara. Estás como demacrado y pálido, ¿no estarás malo?
Chica, chica,  he tenido un sueño que pa qué. Con decirte, que me parece que he soñado en fabla y todo.
Al oír tales explicaciones, Celia se echó a reír y Dionisio de nuevo a temblar. Aquellas risas… esas carcajadas tan estridentes y sonoras las había oído él, sin lugar a ninguna duda, en sueños. Pero esta vez no pudo despertar y el sonido desternillante de la risa desencajada de Celia le penetraba en su cabeza con la fuerza de un clavo en la madera tierna.
Tuvo que subir, al fin, la ambulancia de Cariñena y llevárselo al Clínico con camisa de fuerza. En el pueblo se dijo que Conchito se había vuelto loco. Armando probó el vino que había hecho su padre en el trujal que tiene junto a la fuente y éste seguía, ácido y almizclado.
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