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jueves, 30 de enero de 2014

Enero2014/Miscelánea. AMARGA MEMORIA

DE SOLLAVIENTOS A TORTAJADA
"Hasta nuestros días, la historia de la humanidad, ha sido una historia de luchas de clases." Manifiesto Comunista.
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Nubes como sábanas blancas, batían infatigables sobre el valle desde lo alto de Peña Roya un aliento húmedo,  pero semo, una especie de verano adelantado bochornoso y cegador. El santero de Santa Isabel y pastor ahora de los resecos prados, de las mustias sabinas, no sabía de pronósticos, sin embargo, esta vez intuyó males sin cuento, desgracias para los mecos, pedrisco para las cosechas y la pronta llegada del hombre malo. La primavera había sido seca y calurosa desde primeros de abril y el río Sollavientos ya bajaba seco. Las plantas daban muchas pero diminutas flores, alentando un principio de supervivencia ligado a los más secretos designios de la madre naturaleza. Este año fue como “El verano del cohete” en las "Crónicas marcianas" de Ray Bradbury.
Abajo, en la parte final del río y del valle, Andrés Cebrián, de mote El Dulce, se apresuró a cavar un hoyo de dos metros de profundidad en la cuadra de los machos. Metió, sin saber por qué, envuelta en paja, la imagen de la Virgen María (siglo XVI), la Cruz Procesional de plata, una máquina de escribir y un retrato de la Purísima. Una vez cubierto todo de tierra echó paja nueva sobre el suelo y volvió a meter los abríos en su puesto. Los días pasaron, la paja se ensució y todo volvió a tener un aspecto aparentemente normal y cotidiano. Mientras, los hombres y las mujeres de Tortajada volvían a sus tareas habituales que iban, desde la casa y los animales, a las tareas de la huerta y el secano. Este año habían subido pocos agosteros de Castellón y los pocos que subían hablaban de cosas horrendas, relatos terribles de matanzas de hombres contra hombres y de que la guerra que venía ya, sin duda alguna.
 Hasta Tortajada, antiguamente Turre Tallata (Torre Cortada), un pequeño municipio turolense situado a 10 Km. de Teruel y a una altura sobre el nivel del mar superior a los 930 metros, llegaron una mañana, sin previo aviso, una columna de gentes vestida de forma estrafalaria y armados con enormes fusiles y pistolones al cinto. Una vez atravesado el puente recién construido sobre el río Alfambra, iniciaron la subida de la Rocha de San Pascual para detenerse en la Plaza del los Porches, contigua a la de la iglesia. Un estruendo de músicas roncas salía de los altavoces que pregonaban “negras tormentas” y “oscuros nubarrones”. El jefe o camarada jefe, mandó llamar al alcalde. Vino un hombre mohíno y cabizbajo que, aterrado, se puso a sus órdenes sin atreverse a chartir. ¡Señálame las casas de los ricos del pueblo!, dijo el jefe, con el tono y la tranquilidad de quien lleva haciendo lo mismo durante mucho tiempo sin que nadie ose importunarle. Tenían hambre y bajaron las tinajas de conserva  hasta la plaza. Bajaron los jamones y los chorizos de las trancas de las cambras y subieron de las bodegas el vino de Alarba que todos los años compraban al mismo proveedor. Una vez saciado su apetito iniciaron la masacre: EL PUEBLO QUEDA COLECTIVIZADO, dijeron.
 En Tortajada destruyen y queman el retablo mayor y todos los retablos de los demás altares en una actitud anticlerical incomprensible en una nación occidental de raíces cristianas. Los más antiguos del lugar se atreven a decir que la iglesia tenía un bello retablo, sin embargo, no nos han sabido dar más detalles de su obra. Así están las cosas y, ahora, lo que quedó de la iglesia se ha restaurado (año 2002). Conserva una talla de la Virgen María (siglo XVI) de una expresión y belleza singular. Las demás tallas son de corte moderno y con escaso valor artístico. A pesar de todo, la talla de la Inmaculada Concepción de la ermita contigua, aún siendo moderna, sorprende por su esbeltez y belleza. La ermita, también expoliada, es de propiedad municipal y guarda a la “Purisma” durante todo el año, solamente durante las Fiestas Patronales en su honor es trasladada en brazos del clavario hasta la iglesia donde se le cantan los Gozos.
Los malos presagios que bajaron desde lo alto del valle se hicieron realidad en el verano de 1936. Un verano feroz y sofocante en el que muchos debieron dejar su casa para sobrevivir y otros muchos, fueron fusilados. Para finales del año 1937 y coincidiendo con la Batalla de Teruel, en el pueblo se instalaron las Brigadas Internacionales: comunistas enviados a España por la Tercera Internacional. Con todo, mucho más respetuosos que los soldados nativos, cuyo afán destructivo no parecía tener límites.
Durante mucho tiempo en la pared de la ermita permaneció escrito con letra negra de molde y puestas en columna las palabras:
¡FRANCO!
¡FRANCO!
¡FRANCO!
¡ARRIBA ESPAÑA!
Era niño y estas consignas las leía cuando iba y venía a la escuela, cuando jugaba en la plaza o cuando pasaba a hacer los mandados de mi madre, sin entender nada. Tampoco me atrevía a preguntar... Una manto de silencio se extendió sobre la Guerra Civil (36-39) y todos parecían tener un acuerdo tácito para olvidar aquel fracaso humano tan brutal. Nadie se sentía satisfecho con lo sucedido, ni vencedores ni vencidos y de ahí el mutismo que seguía a cualquier pregunta. Cuando íbamos a la parcela del Muletón y aparecían huesos humanos y restos de munición, preguntaba a mi padre quien inequívocamente me contestaba: ... ¡nada hijo, cosas de la guerra!

Nuestro maestro era, también,  mutilado de guerra: “el maestro cojo” le llamábamos. ¡Jamás nos habló de la guerra!
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