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martes, 28 de febrero de 2017

Febrero2017/Miscelánea. LA MONUMENTAL SABINA DE BLANCAS (JILOCA)

LA MONUMENTAL SABINA DE BLANCAS
(LEYENDA)
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¿Cómo podemos llegar a ser los hombres más fuertes que existan en el espacio que comprende entre el nacimiento del sol y su ocaso? Así inquirieron los dos jóvenes hermanos belaiscos al druida de su tribu. El druida quedó pensativo por un momento, luego, trató de encontrar una tarea suficientemente dura y a la vez imposible para estos dos aguerridos pastores. Veréis, les dijo: dos problemas tiene la tribu. El primero es la lucha contra el invasor romano y, el segundo, la necesidad de nuevos pastos para nuestros ganados. Por ello, y en el espacio que comprende nuestra sesma/sexma deberéis, si en verdad queréis ser los más fuertes, hacer dos cosas. La primera será, trabajar en las minas de hierro y en la fragua, elaborando y templando las espadas y las herramientas más duras que jamás se hayan visto. Las espadas las utilizaréis para combatir al invasor. Las herramientas os servirán para la segunda tarea, no menos esforzada, que consistirá en la tala de todas las sabinas que cubren la llanura, toda la llanura, hasta donde vuestros ojos alcanzan.
Los hermanos, expertos en la fragua, no tardaron en sacar de ella las espadas mejor templadas y, también, las segures, rejas y demás herramientas necesaria para su enorme tarea. Así que, un buen día, se acercaron hasta la gran sabina y colocándose en posición opuesta, uno a cada lado del árbol, iniciaron en dirección divergente la tala de todos los árboles. El trabajo era enorme, y los días pasaban sin que llegaran a perder de vista el humo que salía de las chimeneas de su poblado. Por la noche, cuando tornaban hasta el poblado, preguntaban al druida. ¿Ya somos los más fuertes? No, todavía no, pues desde la atalaya del poblado, todavía os veo trabajar.
Pasaron los días y el espacio deforestado se hacía cada vez más amplio. No cesaron, sin embargo, en la tarea encomendada hasta el día en que vieron aparecer, subiendo por el curso de río Jiloca, al ejército romano bien armado y pertrechado. En aquel preciso momento, el druida de la tribu llamó a los dos hermanos y les dijo: No sé, en verdad, si ya sois los hombres más fuertes que jamás haya conocido, pero sí lo sois lo suficiente como para dirigir a nuestros hombres en la lucha contra los romanos.
En la batalla, los dos jóvenes belaiscos con sus poderosos brazos, dejaron el campo sembrado de cadáveres romanos y en el centro, enhiesta como una bandera triunfal, la gran y mítica sabina.
Hoy, la sabina, es conocida como “LA SABINA DE BLANCAS” y está rodeada de campos de cultivo ROTOVATIADOS por un celta que mora en una aldea situada a orillas del río Alfambra.
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LA SABINA DE BLANCAS
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