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jueves, 31 de marzo de 2016

Marzo2016/Miscelánea. LA LEYENDA DEL CAÑÓN DE LOS ARCOS, UN VALLE OCULTO EL EL RÍO BLANCO DE CALOMARDE (TERUEL)

LA BRUJA TEDERA
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Cuando el Ayuntamiento de Calomarde quiso abrir al turismo este valle, trazando en toda su extensión un sendero que atravesaba cañones, cuevas y arcos de piedra viva, los más viejos del lugar recordaron la maldición que sobre este lugar recaía desde los tiempos de la Santa Inquisición. Muchos señalaban que era pura leyenda y superchería. Otros, por el contrario, afirmaban que era cierto y que ya en el año 1876, sobre el 17 de agosto, habían muerto ahogados Joaquín y Pedro, a punto de abandonar un valle en el que habían penetrado afrontando un riesgo que luego, daría en ser mortal.  Señalaban la gentes que tras ser advertidos de la prohibición, por ecos y voces salidas del averno, perecieron ahogados y que sólo se salvó la yegua que les acompañaba.
Nada hay escrito sobre este oscuro asunto que aún, hoy día, atormenta a muchos vecinos de la Comunidad de Albarracín. Y es que, la leyenda, se trasmitió siempre de forma oral, con sordina, como temiendo desvelar un secreto cuyo conocimiento podía acarrear la desgracia en la persona que lo revelara o en el pueblo que lo diese a conocer.
Lo cierto es que la apertura de la ruta senderista ha hecho que, por fin, la leyenda haya pasado del más severo secretismo al conocimiento público y a los medios de comunicación. La historia real o ficticia se remonta a los tiempos de la Inquisición. Tras acabar con la brujería en toda la Comunidad, hubo un pueblo que se resistió y cuyos habitantes amparaban, dando de comer y ocultando a las brujas, por el conocimiento que ellas tenían de las plantas medicinales para la cura de enfermedades.
Se dice que fue el inquisidor Pérez Prado el que mandó quemar a las últimas brujas de Jabaloyas. En esta ocasión nada pudo salvarlas y los vecinos que quisieron protegerlas perecieron con ellas. Solamente una bruja, la bruja madre o bruja Tedera puedo escapar. Subió al monte Jabalón y montada en una escoba voló sobre las piras de leña ardientes en las que perecían abrasadas sus hermanas. El olor a carne quemada y los gritos de aquellas pobres desgraciadas acongojó el viejo corazón de la bruja Tedera que a la vista del paranoico espectáculo, juró venganza.
Dice la leyenda, mantenía viva y tenida por cierta en Calomarde, que la bruja Tedera llegó volando hasta el valle del río Blanco y que, mediante un conjuro, enclavijó las montañas cerrando el valle y dejando solamente abierto un pequeño orificio por el que algunas personas le hacían pasar comida a lomos de un borrico. Luego, el valle se abrió por efecto de la erosión de las aguas.
Todo aquel que sin su permiso se atreviera a penetrar en el valle perecería. Nadie, desde entonces, ha penetrado en este valle virgen y ultimísimo reducto de las brujas de la Sierra de Albarracín. Ni tan siquiera los Carlistas, (muy numerosos en el pueblo dedicado a don Tadeo Calomarde),  se atrevieron a profanar este santuario aún a pesar del peligro que afrontaron por la persecución, ahora, de los liberales.
Dicen y comentan en el lugar que la apertura de este santuario a los turistas acarreará más de una desgracia y que la bruja Tedera (allí donde esté) hará cumplir su palabra. La descreída sociedad actual hace oídos sordos a esta leyenda que, nadie sabe a ciencia cierta, si acaso no es verdadera historia. Por todo ello, sentencian en el lugar: “El tiempo dará o quitará la razón”.
Lo cierto es que cada día es mayor la muchedumbre que hasta aquí llega a contemplar tan singular paisaje, última morada de la bruja Tedera.
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