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jueves, 10 de marzo de 2016

Marzo2016/Miscelánea. EL MAESTRAZGO (EN UN LIBRO)

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Silencio… silencio… rachas de viento frío y copos azules de primavera macerando un rostro aterido. Toda la provincia es, ¡ya!, un sonoro Maestrazgo de viento y fuego, de veneno y triaca... de eros y tánatos. Un sueño de fantasías, misterios y paisajes eternos y vacíos. Un blog escrito en bosques con carbón, con hierro y, a veces, una apasionada senda que conduce al infinito. Por estos caminos de queso, lana y miel, anduve  de niño de solead en soledad. Mi camino iniciático fue el del Maestrazgo, entre Cantavieja y Castellote. Hasta Cantavieja en aquel ancestral coche de línea que salía de la Fonda Utrillas, lleno de pollos, simientes, sulfatos, garrotes, corbellas, legones, cuerdas, albarcas… a ra fin, todo el mercado de Tergüel a cuestas. Entre Cantavieja y Castellote no había coche de línea así que, hice el camino a pie con la esperanza de que mi hermana estuviera en Bordón. Primero atravesé la venta de Mirambel después, Olocau del Rey pisando la raya de Castellón para llegar, finalmente, a Bordón. Como no había teléfono me encontré con la sorpresa de que no había nadie en casa, los vecinos me avisaron de que habían salido sin indicar destino. Tomé de nuevo camino hacia Las Planas y los Alagones, dejando a la derecha a Luco y sus gatos. Por la carreta no pasaba ningún coche… pregunté y me avisaron: sobre el medio día pasa la Citroën del cartero. Venía "petada", pues hacía de “taxi” y “propio” a la vez. Para esa hora ya estaba con los pies a remojo en el pantano de Santolea. ¡Maldito calcero! Desde entonces sé lo que es el Maestrazgo aunque, no lo sabría explicar. No sé, verdaderamente, si es la línea que va de la vida a la muerte o de la nada al infinito. Si es una atropellada senda de confusión o un camino certero hacia la luz. Agua y piedra, bosque y páramo… ermitas diseminadas y piedra seca. Robustas construcciones en plazas fuertes… guerreras. Liberal o carlista. De abismales barrancos y peñas royas. Pilones entre la niebla y peirones en los cruces donde el maligno tienta al hombre débil: ¡Maestrazgo! Extendido por el ocaso al ritmo que camina la sombra de los pinos. Ahí esperas, ínclito, para comerte al viajero, avisado y leído. Tierra del Cid y de Antón Castro pero, también y sobre todo, de masoveros y casas torreadas. De ventanales góticos y de patios de canto rodado junto a la botija de agua fresca.  Monjil y frailuno, soldadesco, pastoril y palaciego. Raíz y esencia de la estirpe almogavar. Atravesado por el río más culto de España bajado de la luna de Sollavientos hasta el Ebro.
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LA MANCHETA
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