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miércoles, 6 de enero de 2016

Enero2016/Miscelánea. VILLARQUEMADO / BILLARCREMATO (EXPECTATIVAS DE FUTURO)

VILLARQUEMADO Y EL CÁÑAMO
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Como en toda el área del alto Jiloca, también en Villarquemado por supuesto, se cultivaba con asiduidad el cáñamo. Su prohibición llegó en el año 1958 pero, siendo  yo un niño de ocho años todavía se cultivaba en todo el alto Jiloca. Pasaba los veranos en la estación minera de Cella y de allí subíamos a la del Central (ahora Adif). Luego tomábamos la carretera y por esa inmensa recta llegábamos a Villarquemado. Terminados los asuntos que tenía que hacer mi padre volvíamos andando de nuevo a la estación de Cella. Sugestionado por las historias que me contaba mi padre, al tornar en el ocaso, volvía la mirada sobre aquel pueblo que se alejaba de nosotros lentamente y lo adivinaba refulgente, como surgido entre las llamas y arrasado completamente por ellas. Nadie, desde luego, ha podido con Villarquemado. Nadie ha logrado, ni logrará abatir el deseo de supervivencia de sus habitantes, ni tan siquiera, en las peores condiciones. Tras la supresión del cáñamo, vinieron más decretos y más cierres. Se trataba de ahogar una economía que había sobrevivido con tenacidad durante siglos gracias a la ganadería y el policultivo. Vino el hachazo sobre la remolacha y sobre el azafrán (zafrán) y sobre el ganado lanar y se incrementó en toda el área la emigración. Fue necesario desecar más y más área de laguna para incorporarla al cultivo del cereal. Luego, la carretera se convirtió en el principal eje económico y allí se asentaron los talleres, los bares y los pocos negocios que quedaron. A las calles de la parte alta hubo que ponerles número y efectivamente se llaman ahora: calle uno, dos, tres, cuatro, cinco… Y, Villarquemado vivió unos años siendo noticia por los accidentes en la carretera y por el radar que aquí ponía la Guardia Civil de Tráfico. El Boletín Oficial de la Provincia se lleno con nombres de personas y matriculas vascos que acudían a las playas de levante a toda “pastilla”: aquí, ineludiblemente, pagaban su tributo y su peaje. Pero, así como es corta la dicha en la casa del pobre, corta fue la vida de esta travesía. La autovía A-23 o Autovía Mudéjar, puso el penúltimo punto de crisis en la zona. Otra vez el pueblo quedó en precario, a la espera de que el tráfico se espese y la gente pare en el taller o en el bar. Mientras, la laguna se ha desecado y las expectativas de un desarrollo de turístico sostenible están hechas trizas: la avaricia rompe el saco. Los tiempos han cambiado, las clases medias están fritas a impuestos y un maná, como el de Gallocanta, no volverá a caer. Los dos ejes económicos de Villarquemado está secos: la carretera y la laguna. Queda el monocultivo del cereal, la famosa PAC, cada día en más precario y las granjas de gorrinos. Por todo ello, los choceros, deberán intentar crear o desatascar nuevas o viejas fuentes de riqueza. Tienen una asociación cultural en la que bien pueden plantear sus líneas de desarrollo futuro. Para eso está una revista (AGRAMAR), para debatir y sacar a la luz la problemática actual y ofrecer vías de solución. Ahora, de nuevo, se ha legalizado el cultivo del cáñamo industrial… Aquel cáñamo que se agramaba en los agramaderos  del pueblo o se enviaba en bruto por transporte ferroviario después de arrancado y apilado en rimas. 
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Calle Miguel Artigas
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La carretera Nacional Sagunto- Burgos.
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