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viernes, 8 de enero de 2016

Enero2016/Miscelánea. OBITUARIO DE JOSÉ LUIS ESCUDERO BALLESTEROS

UNAS PALABRAS
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Acabada la obra de albañilería de una fuente del Centro de Educación Especial Arboleda de la capital, José Luis Escudero y su ayudante, decidieron hacer una pausa para fumar un cigarrillo (en aquella época no estaba prohibido fumar en el patio de recreo, ni siquiera en las aulas). Se pusieron pues, a fumar, y a la primera tos salió a colación lo malo que era el tabaco. Por allí andaban en sus juegos y distracciones los alumnos. Uno de ellos natural de Andorra (Teruel) de vez en cuando hacía “oreja” y escuchaba lo que decía Escudero. El zagal seguía dando vueltas a la fuente y de vez en cuando se paraba delante de José Luis y se le quedaba mirando fijamente. Escudero, era un hombre de gran personalidad al que adoraban y admiraban aquellos críos y por los que él sentía, a su vez, gran debilidad humana. Dada su capacidad para la empatía, no necesitaba hacer ningún esfuerzo para hacerse próximo a ellos y ser querido. Llevaba aquel niño, ¡dios sabe!, el número de vueltas dadas a la fuente cuando, de repente, se para delante de nuestro amigo y le espeta muy serio: ¡ECUDERO CACARÁ! El niño, seguramente, queriendo a su preceptor y habiendo oído lo dañino del tabaco quiso advertirle, para que dejara el tabaco. En ese momento todos nos emocionamos a la vez que comprendimos que Escudero tenía un don y era el de la comunicación directa con aquellos niños que parecía que no se enteraban de nada. Pero, ciertamente, sí que se enteraban y eran capaces de comunicar sus sentimientos, sus buenos sentimientos.
Quede pues, en estos momentos, el recuerdo de la gran humanidad de este hombre que trabajó y amó (junto con su mujer) a los más desfavorecidos. Sean estas, también, palabras de consuelo para su familia en estos momentos difíciles. 
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