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martes, 25 de noviembre de 2014

Noviembre2014/Miscelánea. LA MUJER EN EL MUNDO AGROPECUARIO Y LA APARICIÓN DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO

ENDOGAMIAS Y LUCHAS VECINALES
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Durante siglos y siglos las mujeres carecían de voluntad para elegir marido. Los Ajustes Matrimoniales era la forma habitual en la que se realizaban los matrimonios. A semejanza de las clases pudientes, terratenientes y nobleza, el pueblo llano trataba de juntar para crecer, en poder y riqueza. Si las endogamias se manifiestan en la nobleza y en la realeza (ver retrato de la familia de Carlos IV pintada por Goya) lo mismo sucedía en el pueblo llano. En la provincia de Teruel había áreas donde esto se manifestaba  de forma fehaciente. Pero había, sin embargo, en Aragón, una formula jurídica  que permitía soslayar esta situación, se basada en la llamada Carta de Manifestación. Cuando en un pueblo se decía que fulana había salido manifestada, quería decir que sus padres no la dejaban casarse con el novio que había elegido y que, ella, cogiendo sus cosas personales pasaba a vivir en casa de un pariente del novio (a falta de Cárcel de los Manifestados). Así se mantenía la cosa hasta que hablaban las partes y se resolvía el asunto mediando el Hombre Bueno (luego Juez de Paz) en positivo o en negativo para la novia. Si por una aparte, la novia  era a estos efectos propiedad de los padres, también el pueblo ejercía otra segunda tutela sobre la mujer. Se trataba del pago de la manta. Había unas expectativas sobre la joven y la presumible herencia a recibir (sobre todo si era hija única) que los otros jóvenes y sus padres no estaban dispuestos ha dejar marchar. Por ello, pensaban, que la moza casadera debería hacerlo con un mozo del pueblo. Cuando por cualquier circunstancia, incluso la de Ajuste Matrimonial acordado por sus padres,  se elegía novio fuera del pueblo, éste para ser incorporado con pleno derecho a al pueblo de la novia, debía PAGAR LA MANTA. Otra cuestión bien diferente se producía cuando la mujer  ya casada se veía en pleno ejercicio de su potestad de ama y dueña de la Casa. Aquí, en Aragón, el matriarcado ha desarrollado profundas raíces y en el manejo de los asuntos de la Casa la mujer ha tenido en general más preponderancia que le hombre. No hay negocio familiar en el que no fuera determinante el parecer y proceder de la madre.
Junto a estos asuntos que trataban de la formación y gobierno de la Casa existían otros conflictos en cuanto se entraba en competencia con los otros vecinos y, también, con los pueblos circundantes, pueblos con los que confronta el término. Lindes, dehesas y boalares, aprovechamiento de bosques, pasos de ganado, caminos, ermitas, etc. Muchos de esos asuntos se enquistaba en el tiempo y la única válvula de escape se producía con ocasión de las fiestas patronales. Era costumbre acudir a las fiestas del pueblo vecino, aún hoy, vemos los carteles en las tapias de Teruel invitando a las fiestas mayores. Cuanta más gente llegaba, mejores fiestas eran. En ellas, los propios y los vecinos trataban de “ajustar” cuentas, una vez que la noche se echaba encima y el nivel de alcohol en sangre aumentaba. En esa confrontación se trataba de establecer la hegemonía de un pueblo sobre otro. Ganaba quien tenía más mozos y más flamencos. Un año los de Villaba Baja presumieron de haber obligado a los de Tortajada a acostarse temprano y tras la humillación, ellos bailar con sus mozas en el baile del trinquete (doble humillación). Claro que luego la venganza era manifiesta y la pagaban las propiedades, si no podían con las personas.
Todo este mundo rural ha cambiado radicalmente. La competitividad ha desparecido al producirse la despoblación. Ahora, como decía un agricultor de un pueblo de Teruel: “ya no hace falta hacer la concentración parcelaria… ahora, ya es todo nuestro”. Y si no es suyo en propiedad (con papeles), bien es cierto que las tierras las cultiva todas él.
La problemática de la mujer ha cambiado de escenario y ahora los asuntos se desenvuelven en el terreno urbano. Los campos son la oficina, la casa un piso, la cuadra el garaje y la teñada el trastero. En el piso no está claro el reparto de papeles y a menudo las discusiones son acaloradas. En algunos casos se produce violencia de género, tanto física como psicológica. Los factores son muchos y no siempre bien estudiados. Diferencias de fortuna, de educación, de cultura, de carácter, de sensibilidad, emocionales, etc.
No está de más señalar el papel de la mujer en nuestra cultura Judeo-cristiana. Su impureza natural (menstruación) le ha impedido desde el inicio el acceder al sacerdocio. Todavía más, la figura de la Virgen María (única mujer nacida sin mancha de pecado original)  hace mella y ahonda en la concepción de una mujer culpable desde el principio (impura y pecadora). María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto (¡toma ya!). La Iglesia católica y este Papa, tan parlanchín, podría actuar efectivamente en beneficio de la mujer restaurando mediante la derogación del segregacionismo la igualdad del hombre y la mujer dentro de la confesión católica.
No es fácil encontrar solución mientras que el drama se apodera de muchas familias y los hijos quedan en una situación lamentable. Hoy es el día contra la violencia de género. No sólo es cuestión de ponerte el lacito, es cuestión de buscar las causas y establecer medidas para la solución de este grave problema social.
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