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lunes, 3 de noviembre de 2014

Noviembre2014/Miscelánea. A LA BUCÓLICA ORILLA DEL XILOCA

UN PASEO POR EL XILOCA
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Vendrá el final de la eras. Los casquetes polares se diluirán como un azucarillo. Las ciudades padecerán una boina de contaminación permanente. Las alergias acongojarán/acojonarán a los escolares y desquiciarán a las madres.  Y, cuando los hombres hayan revuelto la basura de la tierra una y mil veces, cuando las ciudades sean una femera infame… todavía quedarán paraísos perdidos. Lugares propicios para la vida. Cursos de vida llenos de agua. Veredas azules como las mañanas de otoño. Atardeceres rosas y “Verdes Veranos”. Los que sean listos acudirán a estos manantiales de vida, a estos oasis de felicidad y pasearán de la mano de sus hijos leyendo los carteles que coloca Chabier de Jaime sobre el Chopo Cabecero. Por ello, algunos quieren mantener en secreto estos lugares privilegiados e impiden que se anuncien en cualquier medio de comunicación.  Pasas por la Autovía Mudéjar y no puedes imaginar la belleza que se esconde tras los páramos del amplio valle jilocano. Es el tesoro escondido de Calamocha, reacia a enseñar sus reliquias a los forasteros. ¿Qué quiere ver la iglesia...? Pues, venga cuando haga el cura misa, nos dijeron en el Ayuntamiento. Es verdad, ya no es la época de la publicidad a toda costa. El turismo de masas toma cualquier espacio natural y lo deja en la nada. A Calamocha la atraviesa un tesoro que antaño sirvió para regar sus campos, mover turbinas, fabricar luz, hacer  mantas y moler el trigo. Hoy el río es un canto a la felicidad y a un futuro risuelo. El que sepa vivirlo… ¡qué lo viva!
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