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domingo, 23 de junio de 2013

Junio2013/Miscelánea. MANIFESTACIÓN EN DEFENSA DEL FERROCARRIL DE ARAGÓN ( SEGUNDA PARTE). EL TREN DE ARAGÓN PINTADO POR LOS NIÑOS.

ES DE JUSTICIA
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Lo que pide la Plataforma del Ferrocarril Turolense es de justicia. Ahora bien, si para mantener el AVE hay que quitar el pan en “la mesa del pobre”, eso no es soportable. Seguramente,  yo soy partidario de ello, en España hay que “ajustarse el cinturón” y eliminar gastos superfluos o duplicados. Seguramente nuestra economía no de para más, por ello, una política sensata es racionalizar el gasto y adecuar nuestras infraestructuras a nuestras solvencia. Todo el mundo sigue pidiendo AVE y el Gobierno concediendo el exceso. Para los trenes regionales el olvido, la falta de inversión, ni siquiera el mantenimiento… Desincentivado su uso se toma el argumento al revés: como no se usa, pues, se cierra. No es la primera vez que vemos esto y no es, tampoco, la primera vez que salimos de manifestación en defensa del ferrocarril. La Plataforma se creó como órgano permanente porque se sabe de lo cíclicos que suelen ser estos fenómenos de recortes al pobre. La imagen que mostramos pretende ser gráfica. Un trenecillo pretende atravesar la puerta del Carmen en Zaragoza. Sin embargo, los grandes puentes atraviesan el Ebro y llevan el AVE a Cataluña. Una nación o una región no valen nada si su territorio no está bien estructurado, si no está adecuadamente poblado y sus recursos racionalmente explotados. Las grandes ciudades necesitan en su entorno grandes áreas rurales que les abastezcan de energía y de alimento. La ciudad tiene la técnica pero la sangre que le da vida está en el territorio. Centrales de producción energética: térmica, hidráulica, solar o eólica, abastecen desde Aragón a Madrid, Barcelona o Zaragoza. Cereal, carnes, quesos, frutas y hortalizas llegan puntualmente a las ciudades. Por ello, desde el campo, se reclama la debida correspondencia. Es una cuestión de justicia distributiva. Reclamar unas comunicaciones decentes no es mucho pedir. Si el Gobierno de la nación se equivoca en el reparto del sacrificio perderá las próximas elecciones. La derecha tiene el principal yacimiento de votos en el mundo rural y no puede dejar ese mundo de espaldas: sería para ellos un suicidio.
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