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sábado, 25 de abril de 2015

Abril2015/Miscelánea. LOS GACHEROS INICIAN UN TRATAMIENTO SISTEMÁTICO CONTRA LA OBSESIDAD MÓRBIDA.

PATER COMUNITATIS
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Para el 27 habría lifara y los hermanos estaban todos en sobrepeso. Pater Orondus tuvo un sueño desagradable y pesado: sudores, espasmos, convulsiones, contracciones y garrampas destrozaban su mísero cuerpo mientras que, su mente, viajaba en una espiral sin fin hasta lo más profundo de las mazmorras infernales. La noche parecía no tener fin al igual que sus preocupaciones. Los hermanos gacheros se estaban convirtiendo en autenticas bolas de sebo. Oriundos de gruesolandia vivían sin hacer el más mínimo esfuerzo, ni el menos ejercicio. Se dejaban caer, día tras día, en el adocenamiento y la glotonería más pura. Dio media vuelta en el catre de su escueta celda. Los alambres sueltos y rumientos  de su somier se le hincaban en los corvejones como afiladas agujas de hacer piales. Se pasó la mano por la frente arrastrando, apenas, un líquido frío y espeso que provenía de los poros abiertos y por culpa una capilaridad atocinada y sebosa. ¡Señor ilumíname! dijo al oír la campanas tocando la hora Prima. El sol despuntaba sobre la abadía de Tronocastiel. El gallo cantaba sobre los gallineros con inusitada bravuconería y él, todo un Pater Comunitatis,  todavía no tenía una solución para el gran problema de su abadía: ¿Cómo controlar la obesidad del los hermanos gacheros?
Incapaz de conciliar el sueño decidió levantarse y acudir, tras la higiene corporal, a la oración y la meditación.  El Señor me iluminara, pensó. Postrado a tus plantas, el más humilde de los mortales te suplica, ¡Oh Señor!, que ilumines mi mente. Mis hermanos carecen de voluntad y sucumben día tras día, sin remedio en el pecado de la gula. Contra la gula, templanza, pensó recordando el catecismo del Padre Ripalda, en  el que había estudiado de niño. Era muy fácil decirlo pero, de todo imposible llevarlo a la práctica. Tras la oración llamó al hermano bibliotecario. Busca, le dijo, entre los pergaminos más antiguos. Escruta en las obras de los sabios persas y egipcios. Acude a las suras de los mahometanos si es preciso. Tiene que existir algún tratado que enseñe como debe conducirse un hombre sabio y prudente en la mesa. Quiero un libro que me ilumine sobre: LA MESA, LA  SALUD Y LA BUENA CRIANZA.
Al cabo de un periodo prudencial de tiempo el hermano bibliotecario acudió corriendo con un manuscrito de de un sabio, natural del país. Pater Orondus, dijo atosigado, no ha sido necesario recurrir a fuentes lejanas. La solución la teníamos en casa. Se trata del sabio alcañizano Lorién Palmireno. Él tiene un libro cuyo título coincide totalmente con los deseos del Pater. Limpió Pater Orondus las tapantas herradas de aquella monumental obra y comenzó a leer. A los pocos minutos supo que ese era el libro que él y su gacheros necesitaba. Bandiaron las campanas del convento y convocó a todo vicho viviente a capítulo general. Sentados todos los hermanos gacheros en el refectorio, ese día no hubo sopa boba. Desde el ambón, el hermano bibliotecario comenzó a desgranar el contenido del libro ante los ojos absortos de los incrédulos gacheros.
Día primero dijo Pater Orondus: hoy hablaremos del agua y sus propiedades. Cómo debe ser tomada. Del agua buena y del agua mala. Del agua putrefacta y de cómo sanar el agua. Hablaremos también sobre del vino, pero sólo en su faceta de cura beneficiosa para el hombre. Y comenzó así:
EL AGUA
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 REFRANES DE MESA, SALUD Y BUENA CRIANZA
Cogíalos de muchos autores y conversaciones
LORENZO PALMIRENO
En Valencia 1569
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