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martes, 17 de mayo de 2016

Mayo2016/Miscelánea. TORMÓN Y CALICANTO

TORMÓN
Marfil, bruñido acero o, tal vez, espeso calicanto cubriendo las cañadas de azules nubes-rosa. Atraviesas un bosque inmenso de sabinas, de pinos centenarios, de carrascas baldías y, al final del camino encuentras dulce valle que acaricia tu entraña. El agua cantarina que desliza cascadas de risa y de frescura. Un tormo poderoso, un terrón te vigila y un calicanto de agua en tu sueño suspira. Aguzas los oídos con la mirada fiera, sobre montes altivos, sobre las aguas quietas, sobre paisajes yertos sin huerto y sementera. Monumento de roca que protege a los hombres de visitas inciertas, a veces oportunas, otras veces inquietas. Se adelantan las sombras en la tarde festiva a dar cobijo al sueño, enredado en esquinas de rodeno labradas. Un reloj da las horas y en la plaza, una fuente, avisa cantarina que los cuervos  acechan tras de las cardelinas. Y, hay en el aire esquirlas de explosivos silencios. Y, hay rumor en los chopos de la pronta llegada de los veraneantes. Primavera crecida que amamanta esperanza. Primavera dorada, de calicanto y agua. Tormo de corazones latiendo en una plaza, latiendo, en la esperanza.
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