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martes, 27 de agosto de 2013

Agosto2013/Miscelánea. VILLEL Y TADEO CALOMARDE (ALTO TURIA)

FRANCISCO TADEO CALOMARDE ARRIA
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Su cuna fue Villel y su familia pobre. El cura de la villa descubrió su poderosa inteligencia, su agudeza de ingenio y su perseverancia. Lo distinguía entre todos los niños del lugar por su ímpetu al subir al castillo, por su concentrada emoción al ayudar en misa y por su infatigable energía y deseos de desentrañar todos los misterios. En sus andanzas de niño llegó hasta el barranco de los Trancos y la fuente Chartera. Subió hasta la Aparecida tras atravesar la Fuensanta y conoció la vega del Turia como la palma de la mano. Aprendió las letras sin que ello le supusiera ningún esfuerzo. Decididamente (pensó el sacerdote) este zagal era excepcional y había que aprovechar esa inteligencia natural que Dios le había dado. Habló con los padres y lo mandó de fámulo a Zaragoza. Mientras otros comían, él servía sus mesas. Mientras otros reposaban la comida, él limpiaba la cocina, hacía las camas y lustraba sus zapatos. Cuando todos sus "compañeros" dormían lograba sacar tiempo a la noche y con una mísera vela, estudiar, desentrañar los misterios de aquella signatura de “Derecho” que tanto le entusiasmaba. Desde ese momento de estudiante, en Zaragoza, fue fiel defensor de la Ley y el Orden hasta sus últimas consecuencias. Asombrados sus profesores de la extraordinaria clarividencia de este excepcional alumno lo enviaron a la Corte. Llegó Tadeo a ser Ministro de Gracia y Justicia con Fernando VII (al peor rey, sirvió el mejor de sus súbditos). Mejoró su suerte y su fortuna y fue su deseo ser enterrado en el dulce valle del río Mijares, en la parroquial de  Olba (su sarcófago en mármol blanco fue profanado).
Pasó a la historia por su fidelidad a las leyes de la monarquía y por  aquella sonora bofetada que hoy suena un poco estridente: MANOS BLANCAS NO OFENDEN, SEÑORA.  En lo más profundo de Teruel, este humilde y pobre turolense nacido en territorio templario, tiene dedicado todo un pueblo a su memoria: Calomarde, en la Sierra de Albarracín. Fue ejemplo de tesón, de  perseverancia y firme defensor de esos principios sagrados con los que luego se combatiría tanto (por desgracia) en estas tierras: “TRONO Y ALTAR”. La villa donde vio las primeras luces del alba le tiene dedicada la mejor plaza del pueblo.
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PARTIDA DE BAUTISMO DE TADEO CALOMARDE:
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