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jueves, 1 de diciembre de 2016

Diciembre2016/Miscelánea LEYENDA DEL RÍO MARTÍN

Aves necrófagas sobre los hocinos
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LEYENDA DEL  VALLE DE LOS HOCINOS
(La puerta del diablo)
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El guía los hizo atravesar  por el estrecho sendero que cruza el Hocino del Pajazo. En esta parte de la ruta la naturaleza cambia por competo. Mientras que el río serpentea cantarín entre una naturaleza fértil y espesa,  el entorno, muestra a ambos lados enormes rocas con crestas coronadas de agujas pétreas. Buitres sobrevolando el valle e infinidad de árboles, arbustos y  hierbas matizando un paisaje  singular con brillos de mil colores y sombras alucinantes. Una vez que penetraron en el valle comenzó el relato de las causas y razones de aquel espacio singular. Una espacio que atrapa el corazón y mueve el ánimo a la melancolía y lo llenaba de temor.
Todo comenzó, dijo el viejo guía, cuando  comenzaron las explotaciones mineras, hace ya mucho tiempo, en la cuenca minera de Utrillas y Escucha. La vida, debido al penoso trabajo de la mina, era muy dura. Los hombres salían de los pozos completamente envueltos en un polvo negro que los desfiguraba y los acercaba más a la imagen de un diablo que a la de un ser humano. Estos hombres que dejaban su vida a girones en los cotos mineros buscaban, tras una larga y agotadora jornada, resarcirse del trabajo agotador. Por ello buscaban en el vino, el juego y el placer junto a las mujeres, la forma de olvidarse de su penosa existencia.  
Tuvo noticias el diablo de la circunstancia que aquí se daba y llegó, pronto y con sibilino engaño, hasta las más bajas apetencias de los mineros que aquí trataban de abandonar su penoso estado. Trabajad para mi, le dijo, y obtendréis la libertad y, una vida placentera y feliz viviendo en una valle  pleno de felicidad.
Muchos cayeron en sus redes y comenzaron a escavar una mina que atravesando la montaña los llevaría hasta un valle  en el que vivir en total libertad y felicidad. Para ello, previamente, debían entregarle su alma.
Los mineros, escavando día y noche, construyeron un túnel que les llevó hasta lo que hoy se conoce como Hocino de la Palomas. Allí  confluyeron con las aguas del valle, conformando una cueva en la que los saltos de agua y la oscuridad impedían, a los atribulados mineros, encontrar el camino de vuelta. Una vez en el valle, el diablo, no solamente tomó sus almas sino que, esclavizó sus cuerpos, sin que ellos nada pudieran hacer pues el angosto valle estaba cerrado en ambos extremos por dos hocinos y, ambos márgenes, coronados de rocas de altas aristas.
Cuando un minero moría después de de trabajar sin descanso hasta el final de sus días, unas negras y gigantescas aves trasladaban sus almas hasta unas calderas fulgentes en un lugar llamado El Pajazo, aguas abajo del valle del diablo.
Sucedió que, confabulados los mineros, decidieron abrir una puerta de salida del valle. Más, el tiempo transcurría sin ver su trabajo realizado, dada la estrecha vigilancia que sobre ellos ejercía el maléfico y, también, otros diablos menores que fueron llegando a la vista de tan nutrida partida de humanos que hasta aquí llegaban desesperados cada día.
Tuvo Dios, tras ver la penosa vida de los mineros, compasión de ellos. Mandó entonces, de su mano, una bandada de palomas blancas que atacó de improviso al diablo y quedó definitivamente muerto. Más, su figura, no despareció del valle, por el contrario, quedó petrificada y de sus ojos sigue sangrando el líquido rojo que hicieran brotar las palomas con sus picos. En la crestería de rocas que bordea la margen izquierda del río Martín puede verse, todavía.
Desde entonces, desde la época en que la minería del carbón  de piedra dejó de ser una actividad humana, hasta nuestros días, el valle ha permanecido en silencio y olvidado. Allí, florecían las más hermosas plantas nunca vistas y, las aves, plácidamente sobrevolaban su espacio sin ningún temor.
Ahora, al atravesar este espacio los viajeros que desde lejanas tierras llegan hasta aquí atraídos por el insólito paisaje sienten, al oír este relato, como un escalofrío recorre todo su cuerpo. Preguntan por la razón de tan extraños nombres, sin comprender, muchos de ellos, lo que fueron miles y miles de vidas gastadas en la minería subterránea del carbón de piedra.
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Hocino de la Palomas.
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Hocino de las Palomas.
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