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jueves, 8 de diciembre de 2016

Diciembre2016/Miscelánea. FIZETA Y ZUMBADOR EN EL PORTAL DE BELÉN

FIZETA Y ZUMBADOR LLEVAN MIEL AL PORTALICO
(Cuentos para mis nietos)
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A pesar de vivir en un humilde arnal hecho de barro y pajas, eran famosos en todo el Maestrazgo por haber vivido grandes aventuras y haber sobrevolado el universo de los hombres. Fizeta, la valiente, arriesgada y veloz abeja y su inseparable amigo Zumbador, trabajaban infatigablemente en los campos de flores que rodeaban el pantano de Santolea. Su miel era tan apreciada que hasta este apartado lugar acudían desde los más remotos lugares de la provincia, otras abejas, a degustar su delicado sabor y sus aromáticos matices.
Un impreciso día de principios de diciembre fueron llamados ambos (Fizeta y Zumbador) a presencia de la reina madre. Ésta les dijo: atended a lo que os tengo que decir. Os he escogido especialmente a vosotros, muy consciente, de que sois los únicos  insectos de mi colmena capaces de resolver con prontitud y eficacia el encargo que tengo encomendado por carta sellada. Dicha carta, me ha sido remitida en secreto  por ángeles voladores, venidos hasta mí presencia. Lo que esperábamos ha sucedido o, mejor dicho, está a punto de suceder. El Rey de Reyes está en trance de venir al mundo y es preciso que, también las abejas, vayamos a adorarle y a llevarle, como presente, el fruto de nuestro trabajo. No sabemos ni el día, ni la hora, ni el lugar, pero sabemos una cosa cierta, miles y miles de personas y animales están ya en marcha y caminan desesperados en su busca. Hasta el último momento, no sabréis el lugar pues hay un rey malo que quiere matarlo. Se trata de Herodes Antipas, del que deberéis cuidaros  muy mucho en relación a detallarle el lugar del nacimiento del Redentor, una vez hayáis logrado encontrarle. Tomad pues la mejor y más fresca miel del arnal y partid cuanto antes. Espero que tengáis suerte en la búsqueda, seáis prudentes en vuestras conversaciones y no desveléis por ninguna circunstancia el lugar de su nacimiento. De ello depende el futuro de la humanidad.
Partieron pues, nuestros amigos, portando una buena porción de miel de Bordón en sus mochilas. Zumbador, que era más corpulento y fuerte, llevaba doble de cantidad que Fizeta que, sin embargo, era más ágil y mejor exploradora que él. No teniendo más datos, ni más orientación, emprendieron el vuelo en dirección a la salida del sol. Seguro que en el oriente por donde sale el sol, se dijeron, tienen alguna noticia del nacimiento del Salvador de los hombres. Volaron todo el día y, al anochecer, decidieron descansar en las ramas de un árbol grande y frondoso que estaba a la orilla de un camino. Nada más oscurecer vieron en el cielo una estrella muy brillante y tras ellas un reguero de otras más pequeñas pero también muy luminosas que le seguían. Fizeta, tan aguda como era, en seguida se percató de aquel fenómeno tan singular y le dijo a Zumbador: ¡Mira, sin duda es una señal! Estoy segura de que esta estrella nos guiará hasta el lugar del nacimiento del Hijo de Dios. Así pues, decidieron cambiar por completo el orden de su búsqueda. A partir de entonces descansaron durante el día y volaron durante la noche.
Tal como pensaron ambos, lo hicieron los demás seres que hasta el Enviado querían llegar. Todos comenzaron a viajar de noche y a descansar de día y pronto comenzaron a encontrarse con un innumerable e indescriptible número de viajeros que caminaban en la misma dirección. La dirección era la contraria a la que traían Fizeta y Zumbador. De ahora en adelante caminaría hacia poniente. Su viaje llevaba, pues, la misma dirección del sol.
Observaron que no solamente eran seres humanos los que acudían a adorar al Señor de todo lo creado, por el contrario, animales de todas las especies estaban ya en camino. Unos arrastrándose sobre su barriga, otros caminando sobre pies y, otros muchos como ellos, volando. Vieron a la luz de las estrellas un innumerable río de seres caminando todos en una sola dirección.
Fizeta y Zumbador, entusiasmados por el espectáculo que aparecía ante sus ojos decidieron adelantar la marcha. Buscaron la cabeza, principio de aquel reguero de seres que caminaba todas las noches sin descanso y por fin lo encontraron. Siguieron volando todavía más y llegaron hasta la morada de un rey. Este les preguntó que, a dónde iban y que buscaban por su reino. Ellos le dijeron que venían a adorar al Rey de Reyes pues, según sus noticias, estaba a punto de nacer. El rey les contesto que, otros tres reyes, ya habían pasado por allí hacía unos días con las mismas pretensiones pero que, marcharan en paz, antes les rogaba que una vez lo hubiesen adorado volvieran a comunicarle el lugar, pues él mismo pensaba acudir a rendir pleitesía a tan alta dignidad.
Zumbador pensó que aquel rey era muy amable y muy buena persona, pero Fizeta desconfió desde el principio del personaje. A los pocos días de vuelo siguiendo la estrella se encontraron con los tres Reyes que venían de Oriente siguiendo la estrella. Así pues, tras saludarse, nuestros amigos les  pidieron permiso a los Magos  para unirse a su caravana. Debían de estar muy cerca de su destino porque, aquella misma noche, se produjeron dos fenómenos muy especiales. En primer lugar la estrella se paró en su cenit y ya no volvió a moverse más. Luego, un coro de angélicos seres bajo desde lo más alto cantando unas estrofas que decían: ¡Sálvanos, te lo pedimos! ¡Hosanna en el cielo! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Fizeta y Zumbador quedaron atónitos ante semejante espectáculo de luz y de color. Luego, un ser angélico se acerco y les dijo: No reveléis a Herodes el lugar, pues es un rey malvado que quiere matar a niño Jesús que acaba de nacer. Así lo hicieron y jamás revelaron el lugar de nacimiento del Señor. Pasado un tiempo se supo que el lugar había sido en Belén de Judea.
Fizeta y Zumbador, maravillados por el sublime momento histórico que les había tocado vivir, bajaron a tierra, recogieron sus alas y le entregaron al Niño la miel de Bordón que le habían traído en ofrenda. El Niño  miró a ambos de reojo y les dijo con el pensamiento… “a vosotros ya os conozco… ya estuvisteis en una ocasión en la CASA DE MI PADRE…” ¡Gracias!
De vuelta al arnal de Bordón, todos sus  miembros formaron enjambre con la reina en medio. Fizeta y Zumbador comenzaron entonces, pausadamente, el relato alucinante del viaje más inverosímil y fantástico jamás realizado. Viaje irrepetible en el reino de los insectos, por los siglos de los siglos…

Y colorín colorado…
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