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jueves, 4 de febrero de 2016

Febrero2016/Miscelánea. UN AÑO DE ANIVERSARIOS (CUARTO CENTENARIO DE LA MUERTE DE CERVANTES- 1616)

Encinacorba, AÑO 1616
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Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547 - Madrid, 22 de abril  de 1616).
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Camilo José de Cela y Trulock, (Iria Flavia, 11 de mayo de 1916 - Madrid, 17 de enero de 2002)
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Miguel de Cervantes y Camilo José Cela serán dos de los protagonistas culturales durante este año 2016, ya que se celebra el cuarto centenario de la muerte de Cervantes y el primer centenario del nacimiento de Cela. 
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AÑO 1616
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La fecha no les pasa desapercibida a los encinacorberos. La tienen esculpida en la columna de piedra sobre el zariche adosado a la fuente. El conjunto, fuente y zariche, está junto al portal de Santa Cruz. Se trata del año en que murió Cervantes, pero también del año en que la Orden Sanjuanista les permitió tener Jurados. La villa tiene, además, otros dos recordatorios, se trata de una plazoleta y un centro cultural dedicados a Juan Antonio Pellicer y Pilares. Si el Gobierno de Aragón fuera listo (que no lo dudo ni por un momento), debería hacer pivotar el año de Cervantes sobre esta figura española, aragonesa y encinacorbera. Pellicer y Pilares fue uno de los mejores escritores españoles del siglo XVIII y un gran conocedor de “toda” nuestra literatura además de precursor de la ciencia de la traducción de textos. A él se debe el descubrimiento de la Partida de Bautismo de Miguel de Cervantes. A él se debe la primera biografía sobre Cervantes y, también, a él se debe la primera edición “comentada” sobre el Quijote (edición Sancha).
Para empezar, el Gobierno de Aragón y los “saputos” que en él anidan deberían fijar la posición de Aragón sobre el segundo apellido de Pellicer. Resulta que en Encinacorba tenemos su partida de bautismo, pues se conservan íntegros los archivos parroquiales. Se trata de que a alguien se le ocurrió que el segundo apellido de Juan Antonio era Saforcada en lugar de Pilares y ahí andamos… En Encinacorba, no hay ninguna duda.
En segundo lugar se trata de la preparación de un programa sobre el 400 aniversario de la muerte de Cervantes. A este tema seguro que ya llegamos tarde. Un programa que trate sobre la revisión de la obra de Pellicer sobre Cervantes. Del estudio y señalización de la ruta del Quijote en Aragón, pues, solamente en Encinacorba hay una placa de cerámica. De la reedición de textos. Del estudio del Quijote verdadero y del Quijote falso pues, sucede, que Jerónimo de Pasamonte o lo que es lo mismo, Alonso Fernández de Avellaneda, era aragonés de Ibdes. Y por fin, se trata de una oportunidad de oro de llevar el Quijote, sobre todo la segunda parte que es tan aragonesa, a la población  de nuestra tierra.
Cervantes conocía bien Aragón pues tuvo que venir a Pedrola a pedir cartas de presentación al duque de Villahermosa antes de marchas a Lepanto. Toda la trama que hay en torno a la vida de Cervantes, que luego constituye elemento nutricional de su novela, conviene conocerla, y bien.

Bien, veremos como se desarrollan los acontecimientos y lo que da de sí este asunto, que en este año 1616 debería ser, en lo cultural, tema central. Pero, de nuevo y lamentándolo muchísimo, quizás no pasemos de los meros enunciados. ¡Ojalá nos equivoquemos y quedemos señalados como: cenizos y mentirosos!
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Piedra heráldica de El Pobo. AÑO 1616
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JUAN ANTONIO PELLICER Y PILARES
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NOTA SOBRE EL AUTOR
JUAN ANTONIO PELLICER Y (SAFORCADA) PILARES (1738-1806) nació en Encinacorba (Zaragoza), estudió en Alcalá de Henares, donde se graduó como bachiller en Cánones y Leyes, e ingresó en 1762 como «tercer escribiente» en la Biblioteca Real. Allí recibiría unos años más tarde el encargo de culminar, junto con Tomás Antonio Sánchez y Rafael Casalbón, la revisión y ampliación de la Bibliotheca hispana nova (1672) del bibliógrafo Nicolás Antonio (1617-1684), un repertorio de escritores españoles desde 1500. La tarea se prolongó a lo largo de dos décadas, y los dos volúmenes de la edición refundida vieron finalmente la luz en 1783 y 1788. Dicho proyecto reflejaba fielmente el impulso ilustrado por los estudios bibliográficos y la naciente historia literaria. Además, en Pellicer, ese espíritu secular de fervor cartográfico y acumulación de saberes dio lugar, por un lado, a una destacada trayectoria como cervantista (publicó en 1797 una edición crítica del Quijote y en 1800 una Vida de Miguel de Cervantes Saavedra) y, por otro, a la compilación de un Ensayo de bibliotheca de traductores españoles (1778). Dicha obra, cuyo título indicaba en el siglo XVIII el adelanto de una obra en curso -y en el XXI plantea la duda sobre la posibilidad de su conclusión-, reúne dos libros en apariencia muy diferentes. En efecto, al catálogo de traductores anteceden unas «noticias literarias», ajenas al contenido anunciado y de mayor extensión en número de páginas, sobre los hermanos Lupercio y Bartolomé Leonardo de Argensola y sobre Miguel de Cervantes. Sin embargo, las «biografías literarias» de estos tres autores del Siglo de Oro desarrollan lo contenido de modo más breve en las entradas dedicadas a los treinta y seis traductores: datos biográficos entreverados con la rigurosa descripción de sus obras. En realidad, Pellicer sigue una concepción clásica de la historia literaria en la cual el traducir se inscribe como actividad de pleno derecho, no como ejercicio subalterno y parasitario: «estas traducciones... arguyen el gusto y laboriosidad de nuestros Españoles, y la diligencia con que aprovechaban a su nación, y enriquecían su lengua». Pellicer murió en Madrid sin poder concluir su «biblioteca». El proyecto fue retomado un siglo más tarde por Marcelino Menéndez Pelayo, quien tampoco pudo verlo publicado como libro: la Biblioteca de traductores españoles se editaría cuarenta años después de su muerte. Sobre el ambiente intelectual de la época, véase José Cebrián, Nicolás Antonio y la Ilustración española, Kassel, Reichenberger, 1997, que contiene además un capítulo sobre Pellicer. También puede verse Antonio Marco García, «Sobre el Ensayo de una bibliotheca de traductores españoles de J. A. Pellicer y Saforcada», en F. Lafarga (ed.), La traducción en España (1750-1830), Lérida, Universitat de Lleida, 1991. [JUAN GABRIEL LÓPEZ GUIX]
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Vida de Miguel de Cervantes Saavedra, Madrid, Gabriel de Sancha, 1800.
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Edición de Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha [...] Nueva edición, corregida de nuevo, con nuevas notas, con nuevas estampas, con nuevo análisis y con la vida del autor nuevamente aumentada, (Madrid, Gabriel de Sancha, 1797-1798), 5 vols. Segunda edición Madrid: Gabriel de Sancha, 1798-1800, 9 volúmenes.
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LOS SERENOS Y LA UNIÓN DE AGRICULTORES, INSTITUCIONES NACIDAS EN ARAGÓN
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Por Juan Antonio Pellicer y Pilares
Si la policía de la villa de Cariñena en la custodia nocturna de las vidas y haciendas de sus vecinos es tan singular, aunque modernamente la han adoptado otros pueblos con el título de SERENOS, todavía es más único y más digno de imitación el utilísimo establecimiento que hay en la de Cosuenda, llamado La Unión de Labradores. Es un Monte Pío, fundado por D. Pablo García Romero, Rector, o Cura párroco de aquella villa, con el fin de desterrar la ociosidad de sus naturales, y promover la agricultura. Contribuyó este celoso sacerdote con cierta cantidad de maravedíes y contribuyó con otra el común del Lugar, y con entrambas compraron varias tierras, que cultivan y esquilman los vecinos en los día de fiesta, precedido de la debida licencia: y de sus frutos renta un fondo, que sirve para reponer las caballerías que se mueren, sino que puede decirse que gozan de una como perpetua vida. La Leyes y condiciones de este tan humano y patriótico establecimiento (que no sólo se conserva después de siglo y medio, sino que ha recibido aumentos) se leen en el raro libro, que con el título De la execución de la Unión, thesoro y reparo de labradores, publicó el mismo párroco D. Pablo Romero en Zaragoza el año 1654 en 4º.
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Viaje a la Alcarria se edita en 1948
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ENCINACORBA EN LA RUTA DEL QUIJOTE
Por Chusé María Cebrián Muñoz
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Cuando don Miguel de Cervantes escribe la segunda parte del Quijote, muestra una gran preocupación por disipar dudas sobre, qué “Quijote” es el verdadero, y qué “Quijote” es el impostor. Había aparecido “otro” Quijote cuyo autor se titulaba Alonso Fernández de Avellaneda, al parecer aragonés, y también, al parecer, viejo conocido de don Miguel. A tal efecto conviene leer el libro de Alfonso Martín Jiménez, publicado por Biblioteca Nueva y titulado: “Cervantes y Pasamonte. La réplica cervantina al Quijote de Avellaneda”. Esta competencia, pues, entre los dos escritores nos permite definir, con bastante claridad, las rutas o caminos que siguen cada uno de los dos personajes de ambas novelas para llegar al río Ebro y a Zaragoza. El Quijote apócrifo sigue la flecha del río Jalón. Ariza, Ateca o Calatayud, son lugares que nombra explícitamente Avellaneda. Así pues, cuando Cervantes tiene noticias del texto apócrifo, plantea una ruta para llegar a Zaragoza, completamente diferente a la del primero y apócrifo. La ruta del Quijote verdadero será entre la Mancha de Aragón y las riberas del Ebro. Lo podemos ver, claramente, a través de las citas que hemos entresacado. Ruta del Quijote apócrifo.“Caminaron la vía de Zaragoza el buen hidalgo don Quijote y Sancho Panza su escudero,”... “Porque se ofreció en Ariza hacer él propio un cartel y fijarle en un poste de la plaza,”... “Tras éste pasaron otros tan apacibles y más extraños cuentos en los demás lugares del camino, hasta que sucedió que llegando él y Sancho cerca de Calatayud, en un lugar que llaman Ateca, a tiro de mosquete de la tierra,” Capítulo seis del quijote de Avellaneda. Ruta del Quijote de Cervantes. Situación de partida:“Este es un famoso titiritero, que ha muchos días que anda por esta Mancha de Aragón” ( La Mancha de Aragón se sitúa a caballo entre Cuenca y Albacete). Capítulo XXV- 2ª parte. Determinación de dirigirse al Ebro:“Y volviendo a don Quijote de la Mancha, digo que después de haber salido de la venta determinó de ver primero las riberas del río Ebro y todos aquellos contornos, antes de entrar en la ciudad de Zaragoza,” Capítulo XXVII –2ª parte. Le comunica a Sancho la existencia de la ínsula, pues Cervantes, había visitado con anterioridad a los duques de Villahermosa en su palacio de Pedrola y conocía la citada ínsula:“¿Ahora te vas, cuando yo venía con intención firme y verdadera de hacerte señor de la mejor ínsula del mundo?” Capítulo XXVIII –2ª parte. Cervantes no da pistas del recorrido, contrariamente a lo que hace Avellaneda:“y al salir del alba siguieron su camino buscando las riberas del famoso Ebro, donde les sucedió lo que se contará en el capítulo venidero”. Capítulo XXVIII –2ª parte. Finalmente llegan al Ebro y no entrarán jamás en Zaragoza:“...dos días después que salieron de la alameda llegaron don Quijote y Sancho al río Ebro, y el verle fue gran gusto a don Quijote.” Capítulo XXIX –2ª parte. Conclusión: Todos los especialistas dan por sentado que la ruta más idónea entre la Mancha y el valle del Ebro es la que sigue la antigua vía Romana Caesaraugusta –Laminium. En cualquiera de los casos, para acceder al valle del Ebro desde el sur de la Península, debe hacerse por el puerto del Alto de San Martín situado en el término de Encinacorba. Así lo creía también Juan Antonio Pellicer y Pilares.
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CITA DEL QUESO DE TRONCHÓN EN EL  QUIJOTE
-Calle, señor bueno -replicó el cartero-, que no hubo encanto alguno ni mudanza de rostro ninguna: tan lacayo Tosilos entré en la estacada como Tosilos lacayo salí della. Yo pensé casarme sin pelear, por haberme parecido bien la moza, pero sucedióme al revés mi pensamiento, pues, así como vuestra merced se partió de nuestro castillo, el duque mi señor me hizo dar cien palos por haber contravenido a las ordenanzas que me tenía dadas antes de entrar en la batalla, y todo ha parado en que la muchacha es ya monja, y doña Rodríguez se ha vuelto a Castilla, y yo voy ahora a Barcelona, a llevar un pliego de cartas al virrey, que le envía mi amo. Si vuestra merced quiere un traguito, aunque caliente, puro, aquí llevo una calabaza llena de lo caro, con no sé cuántas rajitas de queso de Tronchón, que servirán de llamativo y despertador de la sed, si acaso está durmiendo. CAPÍTULO LXVI (Segunda parte, 1615) Que trata de lo que verá el que lo leyere, o lo oirá el que lo escuchare leer.
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CIRCUNSTANCIAS PREVIAS AL SUCESO
Situación política de España en el año 1615. En el año 1605 se publica la primera parte de El Quijote. En 1615 sale a la luz la segunda parte, que es en la que aparece citado el Queso de Tronchón. Reina en España Felipe III. Es valido del rey de España el duque de Villahermosa que tiene un palacio, también, en Pedrola (Zaragoza). Para estas fechas, Jerónimo de Pasamonte (al parecer natural de Ibdes, Zaragoza) está publicando un falso Quijote con el seudónimo de Abellaneda. Hay tensión entre Pasamonte y Cervantes, ya se constata en la primera parte de El Quijote. Lo que sucedió entre Pasamonte y Cervantes fue una historia de envidias personales. Cervantes, más precavido que el de Ibdes, antes de marchar a la guerra (los dos estuvieron en la batalla de Lepanto) fue a visitar al duque de Villahermosa pidiéndole cartas de presentación. Esas cartas le fueron muy útiles a Cervantes cuando cayó prisionero de los otomanos al estar firmadas por el valido del rey de España, nada menos. Razón por la cual, Cervantes fue rescatado por los Mercedarios y Pasamonte tuvo que pasar todo su cautiverio a su suerte. Surgen los celos en Pasamonte al considerar el trato diferente entre uno y otros y por ello escribe El Quijote apócrifo. Cervantes reacciona haciendo pasar a su Quijote por lugares diferentes al del falso Quijote de Avellaneda-Pasamonte. Los Mercedarios tenían cuatro votos: pobreza, obediencia, castidad y remisión de cautivos.
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CIRCUNSTANCIAS DEL SUCESO
Para conocer mejor los entresijos de por qué el queso de Tronchón aparece en el Quijote hay que tener en cuenta  algunas circunstancias de la vida de Miguel de Cervantes. En primer lugar, hay un artículo en la revista Aragón del SIPA que señala que Cervantes acudió al palacio de los duques de Villahermosa, en Pedrola, para pedirle “cartas” antes de enrolarse en el ejército y precisamente, antes, de la famosa batalla de Lepanto. También hay que leer los apuntes de Juan Antonio Pellicer (encinacorbero), en su edición del Quijote comentada. Por estos “comentarios” sabemos, entre otras cosas, la ruta que hizo don Quijote desde la Mancha de Aragón hasta el valle del Ebro. En tercer lugar hay que conocer las “tensiones” entre Jerónimo de Pasamonte (Avellaneda) y Miguel de Cervantes y las razones por las que el Quijote no entró en Zaragoza y marchó a Barcelona. También hay que señalar que el duque de Villahermosa (el primero) era hermanastro de Fernando II (el Católico) y en la época que nos ocupa, valido del rey de España.
Sabemos, pues, que Cervantes tenía cierta amistad con el duque de Villahermosa y que en su palacio de Pedrola y en la Ínsula Barataria (Alcalá de Ebro) acaecieron un buen número de capítulos de la segunda parte del Quijote. Que estaba seriamente enemistado con Jerónimo Pasamonte, razón por la cual el Quijote no entró en Zaragoza y marchó a Barcelona. Es a la vuelta de la ciudad condal cuando se encuentra con Tosilos, un lacayo del duque, que le hace recordar el suceso vergonzoso de éste en  la treta preparada por el duque: …“tan lacayo Tosilos entré en la estacada como Tosilos lacayo salí della”.
Es, pues, un lacayo del duque de Villahermosa quien ofrece el queso a don Quijote de la Mancha, y no porque este queso fuera famoso en toda España (esto es mucho decir en aquellos tiempos) si no porque el duque, a buen seguro, lo consumía como consumía otros productos del valle del Ebro. También se apunta que, Cervantes, conoció el queso en Madrid en el palacio del duque. Sea como fuere, en Madrid o en Pedrola, el queso saltó a la fama por la consideración de esta novela como obra universal.
Pellicer nos descubrió el lugar de la Ínsula Barataria.  Jerónimo de Pasamonte (Avellaneda) con su Quijote apócrifo creó las circunstancias y la ocasión del encuentro entre don Quijote y el lacayo Tosilos. El duque de Villahermosa, cuyo ducado es el heredero de la bandera de Aragón, estimaba este queso como gran manjar (así lo manifiesta Cervantes en su obra).
Salazones (perniles, tocino, congrio, bacalao), quesos, fritos del cerdo (conservas en aceite) y escabeches, constituían la despensa de invierno en esta época.
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