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miércoles, 3 de febrero de 2016

Febrero2016/Miscelánea. SAN BLAS OBISPO DE SEBASTE Y EL ÚLTIMO "CORTANTE"

San Blas de Anento
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EL ÚLTIMO CORTANTE
Le pusieron de nombre Blas porque había nacido el día, 3 de enero. Pero le llamaban “el cortante” porque era el encargado en matar el puerco. Su madre lo vio salir mientras hacía esfuerzos desgarradores por librarse de la criatura. Ya estaba casi fuera y lo primero que percibió fue una cabeza empapada en sangre al rojo vivo. Sin embargo, no engañaba, portaba las mismas proporciones de volumen craneal que el padre. La tiá Librada supo al instante que era varón. Después de lavarlo se lo enseñaron, ella, entre sollozos de gozo y de dolor lo abrazó y besó. Ya estaba limpico y quiso tenerlo a su lado un rato. Le llamaremos Blas y no padecerá nunca de males de garganta, pensó. Mientras, lo acunaba y trataba de calmarlo para que dejara de emitir aquel llanto fiero y firme. Más tarde, cuando todo hubo acabado, entró el padre que orgulloso dijo: ¡buena gargamela tiene el zagal! Le dijeron que era niño, pero él quiso mirarle sus partes para cerciorarse.
El zagal creció abezau al padre tal que una oveja panicera. Se enredaba entre sus piernas como los pollos entre las paras de la gallina. A veces le decía el padre: “Hijo, que no me dejas dar un paso.” Como el padre era el matachín, también llamado cortante en el pueblo, visitó pronto todas las casas, todas las cortes, todas las ollas de morcillas y todas las conservas que se aviaban al comenzar el invierno. Por eso y porque era vivo, pronto aprendió a espiazar el gorrino. Lo primero era el gancho y el degüello. La sangre brotaba caliente y fluida, era un potente chorro que iba a parar al barreño donde el ama de la casa la revolvía sin parar para que no triase. Pedía luego abundante agua caliente, muy caliente, y pelaba al cerdo para seguidamente aplicarle una aliaga encendida que antes había seleccionado, grande y potente, el amo de la casa. Colgado ya el animal en una biga, punto por punto, iba saliendo: primero el mondongo y después las demás partes… blancos, lomos, cabeza, paletillas y perniles. Arreaban con todo hacia el granero y lo extendían sobre cañizos. Terminada la faena, venía la copa de anís con pastas y luego, el almuerzo de chichorretas. Ahora las mujeres eran las que más faena tenían. Pero para entonces Blas, con su capaceta de esparto al hombro ya estaba de vuelta en casa. Ese día, pues todavía era temprano, aún tenía que hacer las faenas del campo, que si no eran muchas, nunca faltaban.
Para los últimos años de su vida la faena decayó mucho. Finalmente, como Blas no tuvo familia, el oficio se perdió. Los matapuercos se hacían comprando el animal ya muerto en el matadero. Cuando Blas murió, murió el último “cortante” del lugar. Pero, antes que se perdiera el oficio de "cortante" se perdió el de "partera". Sin duda, estos son algunos de los muchos oficios perdidos.
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SAN BLAS
San Blas andaba allá por el siglo IV de eremita por armenia. Era médico, curaba la garganta y también las almas. Lo celebramos hoy, 3 de febrero, día del que dice muchas cosas el refranero. Sobre todo algo que se ansiaba antes, cuando no había calefacción ni luz: ¡qué acabara, por fin, el dichoso invierno! No era extraño, por lo tanto, que ver ya las cigüeñas o un palmo más de día les pareciera fantástico. Hoy, por ejemplo, se puede ir a ver, si se tiene tiempo y ganas, el retablo de San Blas en Anento. Es, simplemente, impresionante. Bendecir unos roscos, unas pastas o unos caramelos en la parroquia es ahora algo ya tradicional es, pues, más que una cosa sagrada, uno rito popular.
Refranes: “Pa San Blas, un palmo más.” Otro dice: “Pa San Blas, la cigüeña verás.”
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Busto de San Blas obispo de Sebaste con el rollo en la mano.
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Rollo de San Blas, horno de Santa Cristina.
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Retablo de San Blas en Anento.
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