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lunes, 16 de marzo de 2020

Marzo2020/Miscelánea. UN SUEÑO PREMONITORIO, ORIGEN DE UNA ORDEN DE PREDICADORES


EL ORIGEN DE LA ORDEN DE PREDICADORES DE LAS EXCELENCIAS DEL GORRINO
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Este es el sueño que tuvo en una remota aldea de Teruel, cuyo nombre no quiero recordar, un pastor llamado Julio Calvo. Tenía el hombre pasados los cincuenta años y era casado y padre de cinco hijos en la emigración. Su mujer, Antonia, admiraba su prudencia y mansedumbre. Portaba el hombre, barba blanca, capa parda para el invierno, sombrero de ala ancha y garrote, hecho éste, de madera de olmo viejo.
Una noche de verano, durmiendo en la majada con las ovejas, tuvo un sueño. Había sobre un catafalco cubierto de sábanas blancas, purísimas y, profusamente adornado todo con flores rojas, una bella mujer desnuda y tumbada. Se apreciaba en su rostro un tremendos dolor como de parto… A poco de alcanzar a ver la visión, la mujer parió un hombre que desapareció de forma mágica. Al instante, salió de su vientre un león que portando unas potentes alas, marchó por el cielo volando. Seguidamente vio salir de las entrañas de la mujer un toro, que al igual que el león portaba alas y marchó, igualmente, volando. No cabía el pobre pastor en su asombro viendo lo que le sucedía a esta mujer multípara cuando, de nuevo, ve salir de su vientre un águila que, tomando impulso desapareció en el cielo. Pero, aún, asombrado de esta maravilla vio más cosas en este asombroso sueño. Seguidamente, vio salir del vientre de la mujer un coronado cerdo, hermosísimo y preto de carnes, que portaba en su boca una antorcha de fuego. Sin embargo, en esta ocasión el animal no desapareció, por el contrario, tomando la dirección en que dormía el pastor se poso sobre su pecho y permaneció delante de sus ojos iluminándolo con la antorcha que portaba en su boca. La luz y el calor de la antorcha no era un sueño y, la fuerza de esta  luz y este calor, eran tan ciertos como lo era la luz del día que comenzaba a amanecer. A tal punto era veraz todo lo que soñaba que el pastor, sobresaltado, despertó del sueño y una vez despierto mantenía el calor en su cara y en su boca. Verdaderamente era un prodigio. Desde ese día, su boca empezó a exhalar en el aire, y en las palabras, la fuerza de un fuego como de volcán profundo.
En vano intento el humilde pastor comprender el significado de este sueño. Y, por más que consultó a magos, nigromantes, psicólogos y sacerdotes, nadie supo darle razón cierta y clara de este sueño. Subió, luego, al Santuario de Peñalba de Villastar por si los dioses paganos que todavía dormían en su cima, fueran capaces de darle alguna explicación…, más todo fue pardina.
Finalmente, en su afán por descifrar este prodigioso sueño, abandonó el pastoreo y se empleó en la lectura de libros sagrados. Vendió todas sus posesiones y compró los más arcaicos, raros y misteriosos libros, que pudo encontrar en viejas sacristías, desvanes y librerías de viejo. Al fin topó con un libro de Santo Domingo de Guzmán y vio que su sueño tenía algún parecido con el suyo. Perseveró en la búsqueda y de Santo Domingo, pasó a los Padres de la Iglesia. Leyó los sermones de  San Agustín y extrajo ideas de su Regla conventual.
Al cabo de algún tiempo de meditación y de reflexión comprendió que la senda de la vida le llevaba a la creación de una “Orden” sino religiosa, sí civil, encaminada a la predicación. El objetivo sería LA PREDICACIÓN de los valores de los recursos endógenos de su tierra. Y, así, convencido de su misión. Comenzó por crear la Orden de los Predicadores de las Excelencias del Gorrino Turolense. Y, en tal afán, lo encontramos hoy día, en que esta tierra padece la agónica cuarentena del Coronavirus. Pero, advierte que, superada la cuarentena, se echará a los “caminos” y su boca caliente difundirá sin descanso las excelencias del gorrino, tal como el sueño le señaló.
ALABAR
BENDECIR
PREDICAR
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