TODO COMENZÓ CON TERESA ÁLVAREZ DE AZAGRA
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Teresa
Álvarez de Azagra
fue la última
gran heredera del linaje de los Azagra, cuyo matrimonio y disputas
políticas llevaron al fin de la autonomía del señorío y a su
incorporación definitiva a la Corona de Aragón por Pedro III en
1284-1300. Teresa Álvarez de Azagra
se casó con Juan Núñez I de Lara (conocido como el Gordo),
un poderoso noble castellano y cabeza de la influyente Casa de Lara.
El matrimonio se concertó hacia julio
de 1260
por iniciativa del padre de ella, Álvaro Pérez de Azagra, con el
objetivo político de buscar un aliado fuerte en Castilla capaz de
frenar el expansionismo del rey Jaime I de Aragón y mantener la
independencia del señorío de Albarracín.
A raíz de esta unión, Juan Núñez I de Lara asumió de forma
efectiva el gobierno y la defensa de los dominios de su esposa. Tras
la derrota de Juan Núñez I de Lara a manos del rey de Aragón, el sucesor en el control efectivo del
señorío fue Fernando de Aragón, un hijo ilegítimo del rey Pedro III el Grande e Inés Zapata. Juan
Núñez I de Lara se alió con los franceses durante la Cruzada
Aragonesa contra el rey Pedro III. En respuesta, el monarca aragonés
sitió la ciudad de Albarracín en 1284, logrando su rendición en
septiembre de ese mismo año. Tras confiscar el señorío a la Casa
de Lara, el rey Pedro III no lo sumó de inmediato a los bienes de la corona, sino que se
lo entregó a su hijo Fernando de Aragón. Aunque el hijo de Juan
Núñez I (Juan Núñez II de Lara el
Mozo)
intentó recuperar el control de los dominios de su madre en los años
posteriores, no tuvo éxito. Finalmente, en el año 1300, el rey
Jaime II de Aragón integró definitivamente las tierras de
Albarracín al realengo aragonés y le otorgó oficialmente el título
de ciudad.
EL
ASESINATO DE FERNANDO
A
pesar de que Fernando intentó defenderse y escapar, fue acorralado
y asesinado a puñaladas en el propio recinto real. Algunas fuentes
difuminan la autoría directa sugiriendo que pudo haber sido
ejecutado por hombres de Enrique de Trastámara, pero el consenso
histórico coincide en que la orden y el complot nacieron
directamente de la fría necesidad política de Pedro IV para purgar
a un competidor directo por la hegemonía de la corona.
Este
asesinato tuvo una conexión directa y crucial con Albarracín, ya
que supuso la incorporación definitiva del señorío de Albarracín
al reino de Aragón.
Cuando
el rey Alfonso IV murió en 1336, su segunda esposa, Leonor de
Castilla, temió las brutales represalias de su hijastro, el nuevo
rey Pedro IV el Ceremonioso. Para protegerse, Leonor
huyó y se refugió en Albarracín junto a su hijo, el infante
Fernando. Desde ese estratégico y fortificado territorio, la reina
viuda y el infante desafiaron la autoridad de Pedro IV, convirtiendo
a Albarracín en un foco constante de rebeliones nobiliarias contra
el monarca aragonés.
Debido
a las dotes y herencias otorgadas, el infante Fernando actuaba y era
reconocido como el señor efectivo de Albarracín. Mientras ostentó
este título, el territorio se mantuvo como un feudo conflictivo,
profundamente alineado con los intereses de la nobleza rebelde (la
Unión) y de Castilla.
Tras
ordenar el asesinato del infante en Burriana (1363), Pedro IV el
Ceremonioso no solo se libró de un enemigo político, sino que
reclamó e incorporó de forma inmediata todo el patrimonio del
infante a los bienes reales. Al morir Fernando sin descendencia
legítima, Albarracín perdió su estatus señorial semiindependiente
y fue absorbido por completo dentro del patrimonio de la corona
aragonesa. Poco después de cometer el crimen, en 1366, el propio
Pedro IV dictó sentencias en la zona para reorganizar los impuestos
y la custodia de las fortalezas de la ciudad, consolidando así el
control total de Aragón sobre Albarracín tras décadas de disputas.
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GENEALOGÍA
DE LOS REYES DE ARAGÓN DESDE JAIME I (el Conquistador) HASTA PEDRO IV
(el Ceremonioso)
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Jaime
I el Conquistador (Reinado: 1213–1276)
Padres:
Pedro II el Católico y María de Montpellier.
Matrimonios
principales:
Leonor de Castilla y Violante de Hungría.
Sucesión:
A su muerte, dividió sus reinos, dejando Aragón, Valencia y
Cataluña a su primogénito Pedro, y el Reino de Mallorca a su hijo
Jaime.
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Pedro
III el Grande (Reinado: 1276–1285)
Padres:
Jaime I y Violante de Hungría.
Matrimonio:
Constanza de Hohenstaufen (de Sicilia).
Sucesión:
Hijo primogénito de Jaime I; le sucedieron sus hijos Alfonso y
Jaime.
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Alfonso
III el Liberal / el Franco (Reinado: 1285–1291)
Padres:
Pedro III y Constanza de Sicilia.
Matrimonio:
No dejó descendencia legítima.
Sucesión:
Al morir sin hijos, la Corona pasó a su hermano menor
Padres:
Pedro III y Constanza de Sicilia.
Matrimonio:
Blanca de Anjou (entre otras esposas).
Sucesión:
Heredó el trono de su hermano Alfonso III. Su hijo primogénito
(Jaime) renunció a sus derechos para hacerse religioso, por lo que
el trono recayó en su segundo hijo varón.
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Alfonso
IV el Benigno (Reinado: 1327–1336)
Padres:
Jaime II y Blanca de Anjou.
Matrimonios:
Teresa de Entenza y Leonor de Castilla.
Sucesión:
De su primer matrimonio con Teresa de Entenza nació su heredero
directo.
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Pedro
IV el Ceremonioso (Reinado: 1336–1387)
Padres:
Alfonso IV y Teresa de Entenza.
Matrimonios:
María de Navarra, Leonor de Portugal, Leonor de Sicilia y Sibila de
Fortià.
Sucesión:
Accedió al trono tras la muerte de su padre Alfonso IV. Incorporó
definitivamente el Reino de Mallorca y fue padre de los futuros
reyes Juan
I
y Martín
I
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