«A veces
es necesario y forzoso»
A veces es necesario y forzoso
que un hombre muera
por un pueblo,
pero jamás ha de morir todo un pueblo
por un
hombre solo:
recuerda siempre esto, Sepharad.
Haz que sean
seguros los puentes del diálogo
y trata de comprender y de
estimar
las diversas razones y hablas de tus hijos.
Que la
lluvia caiga poco a poco en los sembrados
y el aire pase como una
mano extendida,
suave y muy benigna sobre los anchos campos.
Que Sepharad viva eternamente
en el orden y en la
paz, en el trabajo,
en la difícil y merecida
libertad.
SALVADOR ESPRIU
Traducción: José Agustín Goytisolo
Discurso
de dimisión de Adolfo Suárez
“Hay
momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial
sentido de la responsabilidad. Yo creo haberla sabido asumir
dignamente durante los casi cinco años que he sido presidente del
Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me parece
infinitamente mayor.
Hoy
tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la
legitimidad con la que me invistieron como presidente constitucional,
las razones por las que presento, irrevocablemente, mi dimisión como
presidente del Gobierno y mi decisión de dejar la presidencia de la
Unión de Centro Democrático.
No
es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra
propia vida personal como en la historia de los pueblos en las
que uno debe preguntarse, serena y objetivamente, si presta un
mejor servicio a la colectividad permaneciendo en su puesto o
renunciando a él.
He
llegado al convencimiento de que hoy, y, en las actuales
circunstancias, mi marcha es más beneficiosa para España que mi
permanencia en la Presidencia.
Me
voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y
las presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto,
con el convencimiento de que este comportamiento, por poco
comprensible que pueda parecer a primera vista, es el que creo que mi
patria me exige en este momento.
No
me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés
superior a mi capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me
voy porque ya las palabras parecen no ser suficientes y es preciso
demostrar con hechos lo que somos y lo que queremos.
Nada
más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí
con la de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener
vocación de poder, voluntad de continuidad y de permanencia en el
marco de unos principios.
Pero
un político que además pretenda servir al Estado debe saber en
qué momento el precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y
su continuidad es superior al precio que siempre implica el cambio de
la persona que encarna las mayores responsabilidades ejecutivas de la
vida política de la nación.
Yo
creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación
en la que nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como
meditada.
He
sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de
presidente. Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos 150
años, ha permanecido tanto tiempo gobernando democráticamente en
España.
Mi
desgaste personal ha permitido articular un sistema de libertades, un
nuevo modelo de convivencia social y un nuevo modelo de Estado. Creo,
por tanto, que ha merecido la pena. Pero, como frecuentemente ocurre
en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio de
personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia
sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España.
Trato
de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad.
De
lealtad hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamento
irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y de
frustraciones; de lealtad hacia la idea de un centro político que se
estructure en forma de partido interclasista, reformista y
progresista, y que tiene comprometido su esfuerzo en una tarea de
erradicación de tantas injusticias como todavía perviven en nuestro
país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis
esfuerzos, por entender que sólo en torno a ella es posible la
reconciliación de los españoles y una patria de todos, y de
lealtad, si me lo permiten, hacia mi propia obra.
Pero
este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que se
produzcan hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral
que ayude a restablecer la credibilidad en las personas y en las
instituciones.
Quizás
los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las
personas no sean los más adecuados para una convivencia serena. No
me he quejado en ningún momento de la crítica. Siempre la he
aceptado serenamente. Pero creo que tengo fuerza moral para pedir
que, en el futuro, no se recurra a la inútil descalificación
global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que se
perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones
democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de
Gobierno es una necesidad, por no decir una obligación, en un
sistema democrático de Gobierno basado en la opinión pública. Pero
el ataque irracionalmente sistemático, la permanente descalificación
de las personas y de cualquier solución con que se trata de enfocar
los problemas del país, no son un arma legítima porque,
precisamente pueden desorientar a la opinión pública en que se
apoya el propio sistema democrático de convivencia.
Querría
transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones
para conservar la fe, para mantenerse firmes y confiar en nosotros
los españoles. Lo digo con el ansia de quien quiere conservar la
fuerza necesaria para fortalecer en todos sus corazones la idea de la
unidad de España, la voluntad de fortalecer las instituciones
democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las
personas y la legitimidad de los poderes públicos.
Yo
por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi
partido seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y
divulgación del compromiso ético y del rearme moral que necesita la
sociedad española.
Todos
podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la
confianza de que, si todos queremos, nadie podrá apartarnos de las
metas que, como nación libre y desarrollada nos hemos trazado.
Se
puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos
prescindir del esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para
construir una España de todos y para todos.
Por
eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura.
Tenemos que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las
circunstancias seguirán siendo difíciles durante algún tiempo,
pero con la seguridad de que si no desfallecemos vamos a seguir
adelante.
Algo
muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y
comportamientos. Y yo quiero contribuir, con mi renuncia, a que este
cambio sea realmente posible e inmediato.
Debemos
hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se
disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso
convocar al país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo
español se agrupe en torno a las ideas básicas, a las instituciones
y las personas promovidas democráticamente a la dirección de los
asuntos públicos.
Los
principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado
para darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la
labor de Gobierno con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado
y para afrontar este cambio con toda normalidad. Les pido que les
apoyen y que renueven en ellos su confianza para que cuenten con el
necesario margen de tiempo para poder culminar la labor emprendida.
Deseo
para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias,
un futuro de paz y bienestar. Esta ha sido la única justificación
de mi gestión política y va a seguir siendo la razón fundamental
de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su
colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han
otorgado.
Quise
corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con
dedicación, abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera
que esté me mantendré identificado con sus aspiraciones. Que estaré
siempre a su lado y que trataré, en la medida de mis fuerzas, de
mantenerme en la misma línea y con el mismo espíritu de trabajo.
Muchas
gracias a todos y por todo.”