EL CASINO DE ENCINACORBA
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El origen del Casino de Encinacorba (originalmente fundado como Casino Agrícola) se remonta al siglo XX. Nació no como una sala de juegos de azar, sino como una sociedad recreativa y cultural de socios íntimamente ligada a la vida rural y a la economía agrícola del municipio. La sociedad civil se constituyó durante el siglo XX, una época en la que era muy común en los pueblos de Aragón la creación de "casinos" o centros obreros y agrícolas para el esparcimiento de los vecinos. En sus inicios, estuvo estrechamente relacionado con el sindicato y la cooperativa del campo de la localidad (la Cooperativa San Esteban). Servía como punto de reunión clave para los agricultores del pueblo. Antes de ubicarse en su sede definitiva en la calle Mayor, el local del casino funcionaba en el siglo XIX como una antigua fonda regentada por Gregorio Gimeno, un lugar donde los viajeros que transitaban por la zona acudían a comer y dormir. Posteriormente, la sociedad civil se trasladó al inmueble de la calle Mayor (actual). El Casino funcionaba con un reglamento interno estricto: solo podían entrar los socios (que llegaron a ser casi todos los hombres del pueblo) y los forasteros. Estaba gestionado por una junta directiva que incluía un presidente, un secretario y un conserje encargado de la barra. El Casino se convirtió en el auténtico dinamizador cultural de Encinacorba. En sus salones se organizaban los populares bailes de los domingos, amenizados en su época dorada por la célebre e histórica Banda de Música de Encinacorba. Décadas más tarde, sirvió también como espacio para la juventud, donde se escuchaba música en tocadiscos antes de que se popularizaran las discotecas en comarcas vecinas. Su actividad tradicional se interrumpió únicamente durante la Guerra Civil española, periodo en el que el Casino cerró sus puertas y sus salones se transformaron provisionalmente en las escuelas públicas del municipio. Tras funcionar como sociedad cerrada hasta 1970, el espacio acabó reabriendo de forma pública. En los últimos tiempos, el Ayuntamiento de Encinacorba y diferentes iniciativas locales han impulsado reformas de eficiencia energética para mantener el Casino Agrícola activo como el principal bar, punto de encuentro y corazón social de los habitantes de la villa.
SOCIOS DE LA PESETA
El término "los socios de la peseta" hace referencia a una de las tradiciones e intrahistorias más curiosas del asociacionismo rural en España y describe a la primera generación de miembros fundadores de los casinos agrícolas y sociedades recreativas del siglo XIX y principios del XX. El nombre proviene estrictamente del dinero. Cuando se fundaban estas sociedades civiles, los labradores y obreros del pueblo aportaban una cuota fija, que originalmente solía ser de una peseta al mes (o en algunos casos, de cinco pesetas, el equivalente a "un duro"). Con ese fondo común, los vecinos consiguieron comprar o alquilar los inmuebles (como la antigua fonda en Encinacorba), adquirir el mobiliario, los juegos de billar y pagar al conserje. En muchos casinos agrícolas de Aragón y del resto de España, no se utilizaba dinero de curso legal para el consumo interno o el juego lícito (como el dominó o las cartas). La sociedad acuñaba sus propias fichas con el valor grabado (por ejemplo, "1 peseta" o "2 pesetas"). Los "socios de la peseta" cambiaban su dinero por estas fichas exclusivas del casino. Esto garantizaba que las ganancias de las consumiciones se reinvirtieran directamente en el mantenimiento del casino y no salieran de la comunidad de socios. Ser un "socio de la peseta" confería un estatus de propietario moral del casino. Los estatutos originales dictaban que la propiedad del edificio y de los bienes no pertenecía a ninguna empresa ni al Ayuntamiento, sino a la masa comunitaria de socios que habían puesto "su peseta" desde el primer día. De hecho, hasta la llegada de las reformas modernas en los años 70 y 80, a estos casinos solo se podía entrar si eras socio cotizante o un forastero invitado.










