LA ESTANCA FUE DURANTE CIENTOS DE AÑOS VIVERO DE ANGUILAS HASTA QUE LLEGARON LOS PANTANOS
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La cría y pesca tradicional de anguilas en la Estanca de Alcañiz (Teruel) constituye uno de los capítulos históricos y gastronómicos más fascinantes del Bajo Aragón. Aunque las anguilas (Anguilla anguilla) no se reproducen en cautividad —debido a su asombroso ciclo vital que les obliga a desovar únicamente en el Mar de los Sargazos—, las aguas de la Estanca funcionaron durante siglos como un vivero y pesquería natural excepcional gracias a la llegada de los ejemplares jóvenes remontando los ríos. El elemento central de esta actividad tradicional era el zafarache (o estanque de almacenamiento). La Estanca funcionaba como un gran reservorio donde las anguilas crecían y se mantenían vivas. Históricamente, el Diccionario de Pascual Madoz (siglo XIX) relata que los habitantes de Alcañiz poseían en exclusiva los derechos de caza y pesca en estas aguas, destacando su enorme habilidad en la captura de este pez. Se pescaban principalmente utilizando artes tradicionales como anguileras y nasas (trampas pasivas de red con forma cilíndrica). El negocio estaba tan avanzado que las anguilas se vendían constantemente vivas y clasificadas por tamaños. Se utilizaban vasijas especiales diseñadas para transportarlas a largas distancias sin que murieran. La construcción de presas y grandes embalses a lo largo de la cuenca del río Guadalope y el Ebro bloqueó las rutas migratorias naturales que las angulas utilizaban para remontar desde el mar hasta los acuíferos interiores.



















