El papa Sixto IV
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LA INQUISICIÓN EN TERUEL
(EL NACIMIENTO DEL
ABSOLUTISMO)
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El
papa Sixto IV otorgó el derecho de establecer la Inquisición en sus
dominios a Fernando II de Aragón (igual que en los de Isabel de Castilla)
mediante una bula papal expedida en el año 1483.
en Aragón ya existía una inquisición papal medieval desde 1249,
pero la nueva bula permitió crear la moderna Inquisición española
bajo control de la Corona). El 1
de noviembre de 1478,
el Papa Sixto IV promulgó la bula Exigit sincerae devotionis
affectus. Este documento concedió a Fernando de Aragón y a Isabel
de Castilla
(los
Reyes Católicos)
la autorización legal para fundar la Inquisición
española.
Otorgó a los reyes la facultad exclusiva de nombrar
y destituir libremente a los inquisidores,
un derecho que antes correspondía únicamente al Papa o a los
obispos. Al depender de los monarcas y no directamente de Roma, la
institución se convirtió rápidamente en un instrumento
de unificación estatal y absolutismo real.
La
Inquisición se convirtió en una super ley. Así lo vieron los de
Teruel y la consideraron inmediatamente contrafuero, no dejaron entrar
a los inquisidores a la ciudad y tuvieron que refugiarse en Cella.
Pero veamos los acontecimientos poco apoco.
La
excomunión de Teruel ocurrió en el siglo
XV (1484-1485)
debido a la fuerte
resistencia de la ciudad a la implantación del Tribunal de la
Inquisición,
defendiendo sus fueros y libertades frente al rey Fernando el
Católico. Tras el decreto de los Reyes Católicos, la ciudad de
Teruel cerró sus puertas a los inquisidores, negándose a aceptar el
nuevo tribunal centralista. Como represalia, el tribunal
inquisitorial (respaldado por la autoridad eclesiástica y el propio
monarca) dictó un edicto contra la ciudad que la dejaba excomulgada.
El decreto por el cual la ciudad quedaba fuera de la fe católica se
colgó de manera solemne en el Portal de Daroca, una de las puertas
de entrada de la ciudad. Los turolenses resistieron durante meses,
pero finalmente el Papa revocó la excomunión tras las súplicas del
clero local, y los Reyes Católicos terminaron imponiendo la
Inquisición por la fuerza. Tras
la capitulación forzosa de la ciudad ante el ejército de Fernando
el Católico en la primavera de 1485, el tribunal de la Inquisición
se instauró de inmediato. El castigo a la disidencia civil y
religiosa se materializó rápidamente a través de una serie de
autos
de fe implacables,
diseñados para escarmentar a la población y consolidar el poder
real. Los inquisidores asignados a Teruel, fray Juan de Çolivera y
Martín Navarro, desplegaron una actividad judicial frenética
durante los primeros tres años Entre 1485 y 1487 se convocaron trece
autos de fe
en la ciudad. Los procesos implicaron directamente a unas ochenta
personas.
Al tratarse de una ciudad pequeña, este número representaba a un
porcentaje altísimo de la burguesía y la población adulta local.
La inmensa mayoría de las víctimas pertenecían a la segunda
generación de conversos
(judíos bautizados o descendientes de los bautizados tras la Disputa
de Tortosa de 1412). Fueron acusados de criptojudaísmo (practicar
ritos judíos en secreto). El cronista oficial de Aragón, Jerónimo
Zurita, documentó detalladamente cómo la Inquisición desmanteló
de forma ejemplarizante a la élite turolense que había liderado la
resistencia armada y foral contra el tribunal: Se dictó la muerte de
nueve
personas ejecutadas en persona
en los primeros compases. Entre ellos figuraban miembros destacados
del concejo de la ciudad, acusados tanto de herejía como de rebeldía
armada contra los oficiales reales. Se registraron dos
suicidios
de presos que prefirieron quitarse la vida en las cárceles secretas
antes de someterse a la vergüenza pública y al suplicio. Se ejecutó
a trece
personas quemadas en efigie (estatua).
Esto se aplicaba a aquellos acusados que habían logrado huir de
Teruel a tiempo o que ya habían fallecido; sus bienes eran
confiscados igualmente. Otras
cuatro
personas fueron condenadas por complicidad
y auxilio a los rebeldes, recibiendo penas de prisión, azotes o la
obligación de portar el sambenito
(el hábito de la infamia).
Las familias de los
juristas y oficiales que lideraron la oposición foral a los Reyes
Católicos sufrieron el castigo más directo de los tribunales.
Los
Santángel:
Una de las familias conversas más poderosas de Aragón. En Teruel,
varios de sus miembros vinculados a las élites financieras e
institucionales fueron perseguidos con especial dureza para
desmantelar su influencia política.
Los
Martínez de Teruel:
Representados por micer Martín Martínez de Teruel, un influyente
jurista del Concejo local que se vio envuelto en las deliberaciones y
posteriores castigos tras la capitulación de la ciudad.
Los
Camanyas:
El linaje de micer Luis Camanyas, otro de los grandes juristas y
defensores del derecho de apelación foral aragonés frente al
autoritarismo real. Su familia quedó marcada y despojada de su
estatus.
Los
Ruiz:
Encabezados por micer Gonzalo Ruiz y Gil de Gonzalo Ruiz. Formaban
parte de la espina dorsal del funcionariado y la magistratura
turolense que intentó impedir la entrada incondicional de los
inquisidores.
Otros apellidos de la alta burguesía con títulos, fincas y negocios
prósperos en la comarca fueron incluidos en los edictos de los
primeros trece autos de fe.
Los
de la Cavallería:
Aunque su núcleo principal estaba en Zaragoza y Calatayud, este
linaje noble converso poseía tierras y ramificaciones en Teruel y
Albarracín. Sus miembros fueron sistemáticamente investigados y
juzgados por criptojudaísmo durante esa misma década.
Los
Sánchez / Sánchez de Teruel:
Comerciantes y ciudadanos honrados de alta estima institucional que
sufrieron la confiscación masiva de sus fortunas.
Los
Ram:
Otra prominente familia aragonesa de origen converso que vio truncado
su ascenso político y económico en el sur del reino debido a los
procesos de delación.
El ensañamiento con
estas familias no fue casual. Al acusar de herejía a los linajes más
ricos, la Corona lograba un doble objetivo: financiar
los gastos del propio tribunal
mediante la incautación de palacios y rentas, y sustituir
a la vieja élite pactista aragonesa
por oficiales totalmente fieles al absolutismo de Fernando el
Católico.
En Teruel con
anterioridad a estos sucesos ya se tenía noticias del creciente
cesarismo de los reyes. Un episodio inicial en tiempos de Alfonso V
el Magnánimo fue el caso del Juez Villanueva. El instrumento que da
a los reyes el papa Sixto es sumamente eficaz. Cuando el rey encuentra
un impedimento interviene la inquisición acusando a la persona de
herejía. La inquisición mediante la tortura lo hace declararse
culpable y el poder real lo elimina.
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