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sábado, 28 de septiembre de 2013

Septeimbre2013/Miscelánea. SOBRE EL LIBRO: "DE HISPANIA A ESPAÑA - EL NOMBRE Y ELCONCEPTO A TRAVÉS DE LOS SIGLOS". EDICIÓN DE VICENTE PALACIO ATARD

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Junto al nacionalismo periférico radical e independentista, en España, aparecen asociaciones y fundaciones financiadas por los poderes autonómicos que tratan de reescribir, la historia y la cultura regional, con el tinte que más agrada a la institución que les subvenciona. El lector interesado, pero no avisado, puede encontrase leyendo cosas esperpénticas (verdaderas payasadas) que han sido financiadas con el dinero de todos los españoles. Por el contrario, hay instituciones de mucho prestigio y trayectoria histórica, a las que apenas se conoce y que los medios de comunicación apenas citan. Una de ellas, por su alto significado, rigor y trayectoria, es la Real Academia de la Historia de España. Otra, que ha hecho posible el libro que presentemos es el “Colegio Libre de Eméritos”.  Trascribimos a continuación el prólogo de Vicente Palacio Atard por ser un texto breve y conciso. Porque, no se pueden decir las cosas tan bien en tan poco espacio. Y, porque cuando el rigor acompaña al estudio y a la elaboración de textos el resultado es estupendo. Es muy fácil ser selectivo y no equivocarte, acudamos a las instituciones que han cuajado su prestigio a lo largo del tiempo. En Teruel tenemos el IET que, a pesar de su no muy dilatada historia, ha dado pruebas de acreditada solvencia y rigor.
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UNA PALABRAS PREVIAS
Por Vicente Palacio Atard
“Hace 2.200 años apareció en nombre de Hispania, que se ha conservado hasta nuestros días. Éste es un caso singular, a diferencia de otras provincias del antiguo Imperio Romano, que adoptaron el nombre de los pueblos germánicos, como ocurrió con la Galia, rebautizada con el de Francia, el país de los francos.
            ¿De qué manera dejaron su huella histórica la romanización y la subsiguiente cristianización en Hispania? ¿De qué manera aquel proceso de más de seis siglos contribuyó a dotar a los hispanos de unas percepciones de comunidad, que absorbían el tribalismo originario de los habitantes de la península Ibérica? Por otra parte, los hispanos habían adquirido en Roma, en los siglos II y III, una personalidad propia que los diferenciaba como tales entre las variadas estirpes y razas que a Roma acudían desde todas las partes del Imperio.
            Después de Roma, los visigodos se asentaron en el solar hispano y la monarquía gótica desempeñó un papel determinante en la conformación de una idea de España. La identificación de la etnia dominadora germánica con los hispanorromanos es uno de los fenómenos históricos más notables para comprender la formación del concepto de España. ¿Fue el rey Suintila el primer rey de España?
            La invasión islámica puso en riesgo la conservación del nombre de Hispania y la subsiguiente sustitución por el de al-Ándalus. Unos nuevos dominadores, una nueva religión, una nueva cultura amenazaron con barrer el legado hispánico-gótico. La “imagen del otro” se percibió desde una confrontación cultural y no sólo bélica. Los cronistas medievales hablan de la “pérdida de España”, pero el nombre de la antigua Hispania lo conservan los mozárabes de Córdoba o de Toledo. Incluso en las primeras acuñaciones de monedas cordobesas musulmanas aparecen leyendas bilingües, en cuya versión latina se conserva el nombre de España.
            Aquel enfrentamiento entre cristianos y musulmanes se prolongó durante casi ocho siglos. Los reinos y condados medievales cristianos aparecieron en la historia con sus propios nombres. Pero ¿qué concepto tuvieron de su común herencia histórica y de su futuro destino? Entre los siglos VIII y X el reino asturleonés se considera continuador de la monarquía visigoda. En aquellos siglos, os condados pirenaicos orientales pasan a depender de la monarquía carolingia, con los que se formó la Marca Hispánica, que conserva así el recuerdo originario.
            Cataluña aparece en el siglo X, tras una serie de agregaciones y disgregaciones territoriales que darán la primacía al condado de Barcelona.
            En el Pirineo occidental, en el siglo VIII, se había organizado el que habría de llamarse reino de Navarra, que resistía tanto a la dominación musulmana como a la de los francos, pero que estableció vínculos de comunicación con uno y con otros y que, a principios del siglo XI, con Sancho III el mayor, extendió su dominio o su influencia por todos los territorios cristianos peninsulares y habría de ser fundador de los reinos de Castilla y de Aragón.
            Don Rodrigo Jiménez de rada escribe en el siglo XII De rebus Hispaniae, porque entiende que los hechos de todos los reinos y territorios cristianos tienen un denominador común: España. León y castilla, tras varias uniones y separaciones, forman ya en el siglo XIII un reino que se proyecta hacia el sur. Mientras tanto, Cataluña se había integrado “con el reino de Aragón”, formando la Corona aragonesa, que incorporaríamos reinos de Valencia y Mallorca. Los reyes de castilla y Aragón se pusieron de acuerdo varias veces, no sin diferencias y luchas entre ellos, para repartirse las tareas a la hora de recuperar los territorios que aún quedaban en poder de las taifas musulmanas. La política matrimonial de la Casa de Trastámara intensifica la aproximación de los reinos de castilla y de Aragón, así como las relaciones con la Casa de Aviz, reinante en Portugal. Por fin, en 1492, el más importante humanista de su tiempo, Antonio de Lebrija, podía proclamar: Hispania sibi tota restituta est. ¿Fue un azar político la reunión de los reinos en la moderna España? ¿Por qué Portugal reafirma su identidad, cuando los otros reinos hispanos se unen?
            Los españoles de los siglos XVI y XVII proyectaron la idea de la Monarquía hispánica en la dimensión de un imperio de nuevo cuño. La conciencia de una misión providencial llegó a calar en el ánimo de los españoles en algún momento. Así, utilizando la alegoría evangélica de un sólo rebaño y un solo pastor, el poeta-soldado Hernando de Acuña escribe el famosos “Soneto imperial”. Hubo, sin embargo, una realidad subyacente de los antiguos reinos, que conservaron su personalidad histórica, aunque no sin tensiones internas, como ocurrió cuando el conde-duque de Olivares pretendió aunar los esfuerzos militares y económicos, y homogeneizar de alguna manera las instituciones, o cuando se introdujo la Nueva Planta a principios del siglo XVIII.
            La idea de una España que necesitaba responder al desafío de la modernidad europea abrió una crisis en la conciencia española. El fin del “austracismo” dio impulso a los reformadores ilustrados del siglo XVIII, a quienes sorprendió la gran conmoción de la Revolución francesa. La invasión napoleónica se convierte en el gran fundente de los españoles. ¿Fue l  agresión exterior, como ocurrió en otros países, un catalizador de la unidad nacional? ¿Lo fue la revolución liberal del siglo XIX? Cuando más asentada parecía esta unidad, surgen los nacionalismos periféricos. La base de la España una y plural que está en la actual Constitución política se halla cuestionada por algunos sectores de opinión en nuestros días.
El Colegio Libre de Eméritos ha querido patrocinar la organización de este ciclo con motivo de la conmemoración del V Centenario de Isabel la Católica. Los autores que han intervenido en él son todos profesores de universidad y académicos numerarios o correspondientes de la Real Academia de la Historia. En este ciclo no se ha tratado de dar un repaso a la historia de España, sino de seguir la evolución de lo que ha significado en cada momento el concepto de España para los españoles.
Los académicos que han participado en este ciclo se han propuesto, con libertad de espíritu y rigor histórico, formular algunas reflexiones sobre un tema que tanto preocupa en nuestros días.”
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