Matar
el puerco en la puerta de casa tiene un fuerte componente histórico
y cultural en España, vinculado principalmente al periodo de la
Inquisición y a la demostración pública de fe cristiana por parte
de los conversos (judíos o musulmanes que habían abrazado el
cristianismo). Durante los siglos XV y XVI, tras los decretos de
expulsión y conversión forzada, la Inquisición española vigilaba
muy de cerca a los nuevos cristianos (marranos o moriscos) para
asegurarse de que no siguieran practicando su antigua religión en
secreto. Como la ley islámica y la ley mosaica prohíben
estrictamente el consumo de carne de cerdo, comer cerdo se convirtió
en la "prueba de fuego" oficial de asimilación cultural y
religiosa. Realizar el sacrificio (la matanza) de forma visible en el
umbral o fachada de la vivienda era una declaración pública y
teatral dirigida a los vecinos, delatores y al Santo Oficio. El
mensaje implícito era: "Miren
abiertamente que no soy judío ni guardo secretos, pues sacrifico y
como cerdo en público".
