NI CONEJO NI PERDIZ
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El refrán completo y popular en Aragón es: «De Alcañiz, ni conejo ni perdiz, y si puede ser, ni hombre ni mujer». Es un dicho satírico y popular de la tradición oral aragonesa que, con humor mordaz o recelo entre pueblos vecinos, aconsejaba desconfiar de lo que venía de esa localidad (o, en tono de chascarrillo, de sus productos y sus gentes). Existe curiosamente otro refrán en sentido opuesto que afirma: «La mujer y la perdiz, de Alcañiz», destacando en ese caso virtudes contrarias. Hoy en día se utiliza a menudo de forma humorística, entre bromas locales o al hablar de la fama de ciertos pueblos del Bajo Aragón.
La explicación más extendida se remonta a los tiempos en que Alcañiz era un importante nudo de comunicaciones en el Bajo Aragón. Los viajeros que paraban en los mesones locales solían pedir platos de caza menor, muy abundante en la zona (conejo o perdiz). Sin embargo, se popularizó la sospecha de que algunos mesoneros astutos servían gato por liebre (o por conejo) y otras carnes de inferior calidad camufladas con fuertes guisos de especias y vino. El dicho nació como una advertencia literal para los viajeros: si paras en Alcañiz, no pidas conejo ni perdiz porque te van a engañar.
Con el tiempo, el refrán se expandió de la comida a las personas. Alcañiz se convirtió en una próspera capital comercial de la zona, lo que generó las típicas rivalidades con las localidades vecinas (como Caspe o Calanda). Los pueblos de alrededor completaron el verso añadiendo: «...y si puede ser, ni hombre ni mujer», para caricaturizar a los habitantes de la gran villa como personas sumamente astutas, duras negociantes o desconfiadas.
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LA LEYENDA
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