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domingo, 5 de octubre de 2025

Octubre2025/Miscelánea. CUENTOS DE LA CORTE DEL REY MAGNÁNIMO (EL RABINO ASTUTO)

 

EL RABINO ASTUTO

(De un cuento sefardí)

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Esto sucedió en tiempos del rey de Aragón Alfonso V apodado El Magnánimo y con ocasión de las cortes del reino que convocó en Teruel. Vino el rey a hospedarse al alcázar real situado en la Judería de la villa. A tal efecto, y con tal ocasión, los señores del concejo mandaron acondicionar los aposentos reales largamente abandonados, labrándole un rico artesonado en la cambra donde iba a reposar el monarca. Y sucedió que el rey quiso agradecer la deferencia a los turolenses celebrando un banquete e invitando a las personas principales de la villa y, también, al rabino de la comunidad judía.

En un salón del palacio se sentaron a la mesa todos los convidados, más viendo al judío, comenzaron a conspirar contra él. Para mostrarle al rey su desacuerdo por haber invitado al hebrero propusieron tramar entre ellos una treta. De toda la carne que les sirvieran echarían los huesos delante del judío. De esta manera vería el rey su glotonería a la vez que el rechazo de los turolenses al hecho de invitar al rabino (los huesos se echan a los perros).

Así sucedió, mientras el rabino callaba, delante de su plato iba amontonándose una cantidad inusual de huesos de pollo y de carnero. Y el rabino, seguía sin protestar, pues no acertaba a adivinar la causa de aquella rara conducta de los demás comensales cristianos.

Terminada la comida el rey tuvo a bien saludar a algunos comensales y acercarse al lugar en que cenaba el rabino. Como viera tal cantidad de huesos delante del pato del rabino y ninguno en los comensales circundantes, le demando la causa de ello.

Dijo el rabino al rey, sin duda conocerá su majestad la costumbre que tenemos los judíos de comer la carne y dejar los huesos. La cena estaba muy sabrosa y le felicito, majestad. Estos son los huesos de mi comida, dijo. Sin embargo, mis compañeros de mesa han preferido comerse la carne junto con  los huesos. Por esa razón no han dejado huesos sobre la mesa.

Le pareció al magnánimo rey ingeniosa la respuesta y lo hizo su consejero. Con el tiempo y por sus servicios lo cubrió de riquezas. De ahí que al rey se le conozca por el sobrenombre de El Magnánimo.

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