UNA TINAJA LLENA DE MONEDAS DE ORO
(Cuento sefardí)
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Cuentan que en un reino muy lejano habitaba un rey muy poderoso. No teniendo enemigos contra los que combatir, gustaba distraerse oyendo relatos de sus súbditos. De entre todos los relatos gustaba especialmente aquellos que eran mentira. Creía haber oído todos los relatos de mentiras que en el reino existían. Por eso, sacó un edicto en el que decía: "Daré una tinaja llena de monedas de oro a aquel súbdito que me cuente una historia que sea mentira y que no la haya escuchado nunca."
Una mujer judía, muy viva e inteligente, que leyó el edicto, inmediatamente llamó a su marido y le instruyó para que fuera a ver al rey y le contara la historia que ella le diría. La mujer le dijo a su esposo, esto, y esto, y esto, tienes que decir al rey.
El hombre se presentó delante del monarca y le dijo. Majestad, yo tengo una historia que contaros que nadie os ha contado hasta la fecha y yo, os aseguro, que es mentira.
Os escucho dijo el rey complacido.
Dijo el hombre: hace ya muchos años vuestro padre el rey, fue atacado por otro rey que quería destronarlo y hacerse con su reino y sus riquezas. Para poder formar un ejercito pidió dinero a los hombres más ricos del reino. Mi padre, que era el hombre más rico de este reino, le prestó una tinaja llena de monedas de oro. Murió el rey, vuestro padre, sin haberle devuelto la tinaja de monedas de oro. Por lo que, todavía, estamos esperando recuperar nuestro dinero.
El rey pensó. Si digo que la historia es mentira, tengo que darle la tinaja con el oro, pues es lo que he prometido. Por el contrario, si digo que es verdad, deberé devolverle el dinero prestado como es de justicia.
Así que, finalmente, viéndose el rey acorralado, tuvo que darle la tinaja llena de monedas de oro.
