Las iglesias del valle de Boí, aunque siendo de singular belleza y declaradas Patrimonio de la Humanidad parecen un decorado de película pues, su entorno, no acompaña ni ambienta al propio edificio que se pretende ensalzar. El /los caseríos que deberían envolverlos y darles sentido han sido destruidos y convertidos en modernas viviendas de uso turístico. Todo muy aséptico pero que en nada hace referencia al modo de vida y de arquitectura propia del románico.