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domingo, 13 de diciembre de 2015

Diciembre2015/Miscelánea. A PEDRA DA SERPE EN A COSTA DA MORTE (A CORUÑA)

Mi hermana Manuela, que vive en la Coruña, me muestra a Pedra da Serpe en Ponteceso
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A PEDRA DA SERPE
(En a Costa da Morte)
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Hay muchos historiadores que quieren “conciliar” la historia señalando el buen grado de entendimiento entre diversos grupos humanos de diferentes culturas. La realidad es otra muy diferente. Desde, al menos, los tiempos del hombre de Neandertal sabemos que este no pudo unirse con el Homo Sapiens por la incapacidad mutua de reproducirse (causa biológica). Pero además, desde siempre, el grupo humano culturalmente definido, ha sentido el deseo de autoprotección frente al invasor… al desconocido (el extranjero siempre causa temor). En la Edad Media los tres grupos culturales vivían separados en las ciudades por barrios. Generalmente, excepto casos aislados, no se mezclaban en matrimonio y eso que vivieron juntos  cientos de años. Cuando a principios del siglo XVII se expulsa a los moriscos no hay ninguna duda a la hora de su identificación, al igual que anteriormente con los judíos. Tal es así que, en la actualidad, todavía se da esta separación tan radical con los gitanos. No, sin embargo, con los culturalmente afines: españoles con sudamericanos o rumanos. Pocos son, sin embargo, los matrimonios de españoles/as con marroquíes. Por todo ello, todas las culturas han sentido temor al extranjero, al desconocido, al forastero. La mitología sin embargo enmascara esta realidad en principio xenófoba, pero que era una forma de autoprotección cuando el concepto de xenofobia todavía no tenía la lectura actual. Efectivamente, tanto San Adrián como Santiago el Mayor, al llegar a Galicia fueron recibidos, por serpientes. Ello significa que los naturales del lugar rechazaban al forastero, como rechazaban, en principio, a todo lo desconocido. Aquí las leyendas intentan enmascarar el tema señalando al santo como la persona que libra a los naturales del país del peligro de la sierpe. Ciertamente no tiene lógica ya que, las sierpes, vivían siempre con los nativos. En esta ocasión, aquí en la Costa da Morte, el resultado del lance es clarificador. La cruz clavada sobre la sierpe indica la victoria del recién llegado, el triunfo de una nueva religión tras el primitivo rechazo al extranjero. Tanto es así, tan cierta es la refractariedad con el extranjero que Santiago, en Zaragoza y a las orillas del Ebro, pide consuelo y ayuda a la Virgen para que le aliente dada la falta de resultados de su predicación. La Virgen, todavía en carne mortal, llega a Zaragoza para dar consuelo al apóstol un dos de enero del año 40. No hay ninguna referencia cierta de que Santiago estuviera en la Península Ibérica. Tampoco es verosímil que la Virgen viniera a Zaragoza si no es creencia acogida a la luz de la Fe. Lo que sí parece lógico y sensato es el rechazo de los nativos al extranjero que llega. Así sucede en la historia verdadera, que íberos y celtas luchan contra los romanos, contra el invasor. Los pueblos que más y mejor resistieron a los romanos fueron las tribus que formaban los celtas de la Ibérica, desde Segeda a Numancia. La razón era que tenían una mejor tecnología que los romanos. Sus espadas eran capaces de cortar de un tajo el escudo romano.
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Sierpe
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A Costa da Morte
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La llegada del forastero, siempre causa temor.
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