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sábado, 5 de septiembre de 2015

Septiembre2015/Miscelánea. LAS SEIS ARCADAS ( RELATO PARA LA MEMORIA HISTÓRICA)

LAS SEIS ARCADAS
*
La luna brilló en el cielo
aquella noche callada,
arrojando a los viñedos
la sangre de los franquistas
en dinamita engastada.
Sangre roja sobre el lodo,
sangre de sangre manchada,
sangre sobre los cañones,
sangre sobre las cañadas.
La ira de los franquistas
el alcalde domeñaba
avisando por las noches
los fusiles de la albada**.
*
RELATO IMAGINARIO
La guerra no iba bien… no iba bien. En la 2ª Brigada Mixta de Jesús Martínez de Aragón todo eran rumores y la febril actividad a que eran sometidos los soldados no impedía que la moral decayera día a día. Los altavoces emitían continuamente música militar, consignas y canciones populares republicanas. De vez en cuando se suspendía la música y todo el mundo quedaba atento en espera de recibir alguna noticia importante o alguna orden en concreto. En esta ocasión, la voz sonó seca y contundente. Era preciso que se presentara inmediatamente ante el Jefe de la Brigada Mixta algún soldado natural de Encinacorba o pueblos adyacentes. Dio la casualidad de que, efectivamente, había un soldado republicano natural de la villa de Lagasca que como movido por un resorte acudió inmediatamente al puesto de mando, tal como se indicaba en las ordenes radiadas.
El soldado se presentó y saludo militarmente a un capitán que esperaba en la puerta de la tienda de mando. Mi capitán –dijo, yo soy de Encinacorba. El capitán, sin más preámbulos lo hizo pasar al interior. Comprobada la identidad del soldado se le indicó cual había de ser su misión aquella noche decisiva.
Franco está fortificando el frente de Teruel y transporta gran cantidad de material bélico por la línea que une Caminreal con Zaragoza. Esta noche hay luna llena y ya no podemos esperar más. Tenemos que actuar inmediatamente. ¿Conoces bien el terreno? -Sí mi camarada general, dijo el soldado. He nacido y vivido siempre en esa villa. ¡Estupendo! –exclamo. Se trata de colocar dos bombas con temporizador en el puente conocido como “Las Seis Arcadas”. ¿Sabrás llevar a un pelotón de especialistas que está ya preparado? Desde luego, contestó el de Encinacorba.
Salieron a media tarde y al caer el sol ya habían llegado a Paniza. Pronto se hizo de noche y la luna salió sobre sus espaldas facilitando la marcha y evitando las numerosas zarzas y maleza que ocupaba campos y caminos. Atravesaron el Monte de La Prisca y enderezaron por los Lomazos. Al llegar a Carralamata encontraron la vía del tren. Desde ahí en adelante todo fue más fácil, sólo había que seguir los raíles que brillaban como acero vivo por efecto de la luz de la luna.
Una vez sobre el puente de Las Seis Arcadas dejaron hacer su trabajo a los especialistas que colocaron, debajo de los raíles, dos potentes bombas. Luego, el pelotón se retiró siguiendo la misma ruta que a la ida. Ya estaba la luna en su cenit y brillaba contundentemente sobre la villa. El pelotón de vuelta había alcanzado el puerto de Paniza. Miraron el reloj y esperaron un instante. La primera de las bombas explosionó con una contundencia total. Sonaron las sirenas en la villa. Sonaron también las campanas de la iglesia y los soldados que estaban de descanso, iniciaron una frenética carrera hacia el puesto de mando nacional.
Inspeccionaron la línea y vieron como el puente se había cortado en dos mitades. La alarma cundió. La línea básica de abastecimiento al frente había quedado rota. Pronto llegaron los equipos de pontoneros a resolver el desaguisado.
Mientras, los republicanos abandonaron el puerto sabiendo que su actuación había tenido éxito. No obstante, esperaban que la segunda parte del plan se cumpliera con la misma eficacia.
Ya habían pasado seis horas desde que oyeran la primera explosión y desde Cariñena subían material por la línea férrea para reparar el puente. La actividad era febril y los mandos apremiaban, para que a la llegada del siguiente tren la línea estuviera de nuevo en funcionamiento.
Sin embargo, lo que nadie esperaba era que un segundo artefacto explotara en el momento en que los pontoneros estaban tratado de habilitar el puente lanzando amarres y vigas de hierro de un lado al otro.
La sorpresa fue mayúscula. La línea quedó definitivamente cortada aquel día mientras se retiraban los muertos y se inspeccionaba con más atención todo el trazado. La segunda había sido una bomba trampa que dejó desolados a los soldados de la compañía de pontoneros.
Sin embargo, la lucha continuaba y para el  día siguiente el tráfico debería estar en total normalidad. Se reforzaron los equipos y se reparó provisionalmente la línea.
Los suministros volvieron a llegar a Teruel, lugar donde se dio la segunda batalla más importante de la Guerra Civil. Treinta y cinco mil fueron los muertos que se contaron y hasta quince mil los desaparecidos. Los trenes volvieron a pasar cargados con miles y miles de bombas y pertrechos militares.
Debajo de Las Seis Arcadas, todavía pueden verse los restos del material arrojados por las explosiones. Sobre enormes bloques de cemento, crecen hoy las gabarderas y que así sea eternamente.
** El alcalde de Encinacorba avisaba a los "rojos" para que abandonaran el pueblo y de esa manera evitar que fueran fusilados.
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