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martes, 16 de julio de 2013

Julio2013/Miscelánea. LAS INUNDACIONES DE TERUEL CON OCASIÓN DE LAS LLUVIAS DEL 15 DE JULIO

LAS RAMBLAS QUE ABRAZAN A TERUEL
«Aquí se come y se goza... y ruede la bola.»
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Desde siempre en Teruel se evitó ocupar la vega y las ramblas. Solamente cuando empieza la especulación del suelo aparecen estos lugares, ocasionalmente inundables, como objeto de codicia y rapiña. Todo empezó a finales del siglo XIX y principios del siglo XX cuando, el conde de la Florida,  dona parte de sus huertas para instalar las eras de vías del flamante ferrocarril Central de Aragón. Se bajó el ferrocarril desde Cella hasta la vega del Turia (por la rambla de Caudé) para luego subirlo hasta el puerto de Escandón (1.200 m.). De esta forma se evitó la construcción de viaductos y se ahorro dinero. La era de vías ha terminado taponando la rambla de San Julián y clamando los vecinos afectados por un “arreglo”. En los años 70 del siglo pasado se venden una gran porción de huerta para instalar la fábrica de confecciones del Corte Inglés. Paralelamente al siglo XX se explotan las arcillares y la rambla se va poblando de forma anárquica, la urbanización Pablo Iglesias ya era un despropósito en su tiempo. Como “La Rambla” ya es un barrio, hay que cubrirla y crear una cárcava. En torno al Cerro de los Alcaldes y Mena Motina se va desarrollando un complejo de fábricas, almacenes y viviendas. También, tras la Guerra Civil (36-39) y liderados por Ángel Solaz se les crea un asentamiento fijo a los gitanos (barrio Pomecia) hasta entonces, esta etnia, prácticamente nómada, ocupaban temporalmente pajares y teñadas.
 Con ocasión de las lluvias del día 15 de julio se puso de manifiesto la precariedad y la incapacidad de evacuación por rebosamiento de las dos ramblas que abrazan la ciudad. Una llega al Turia por debajo de los viaductos e inunda la Florida (familia de los Pérez Arnal). La otra rambla que nace en Ollerías pasa por debajo de los Arcos, Cuevas del Siete y aboca por los Franciscanos.
Con la futura construcción del Hospital General de Teruel en el Planizar se proyectan nuevas construcciones que dejarán, lógicamente, menos espacio para el agua de lluvia. La construcción de un parque o zona verde en los arcillares no va a resolver un problema que ya es endémico en estas áreas urbanas. Ni la limpieza de la cárcava ni la construcción de muros de defensa va a mejorar la situación. Todo lo contrario, la construcción de nuevas viviendas ocasionará en época de tormentas nuevos episodios que dañarán viviendas y garajes y que harán clamar a los vecinos por soluciones que no pueden llegar una vez consumado el desaguisado urbanístico de la zona.
Lógicamente, el vecino que pueda abandonará esta zona para pasar a vivir a las “muelas” donde estará libre de estos inconvenientes. Mientras, la especulación del suelo al proyectar un hospital innecesario en lugar tan desafortunado, hace que seamos doblemente noticia en los medios de comunicación por las inundaciones que ocasionan  y que a buen seguro ocasionarán las tormentas de verano en el futuro.  Los partidos juegan todos a la misma “partida” acompañando al ciudadano en su queja y olvidándose del asunto hasta el año que viene si acaso hay "tronada".
El desarrollo urbanístico de “Las Ramblas” ha sido un error y el caso de Cuevas del Siete, justo nada más bajar la Andaquilla, un despropósito. Sin embargo, es curioso que los partidos políticos de izquierda tengan su yacimiento de votos en estas ratoneras a las que los han abocado con sus políticas urbanísticas erróneas. Con la llegada del PP al Ayuntamiento, nada ha cambiado, pues, ya se había repartido con anterioridad el "pastel" urbanístico.  Como diría Blasco Ibáñez: «Aquí se come y se goza... y ruede la bola.»
 Por cierto, en la cabecera de las dos ramblas había una ermita, en el cerro de Santa Bárbara, con un campanico que tocaba cuando había tormenta. No estaría de más que los vecinos de la zona renovaran la advocación a Santa Bárbara (protectora contra las tormentas) y volvieran a construir la ermita y el campanico, desde luego, más de fiar que promesa de político.
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A la izquierda, la cuesta de la Andaquilla.
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