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martes, 2 de marzo de 2021

Marzo2021/Miscelánea. EL CARLISMO, UN MOVIMIENTO CONTRAREVOLUCIONARIO

El general Cabrera en Cantavieja
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LAS GUERRAS CARLISTAS

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Llega el siglo XIX a España y con él comienza la Edad Contemporánea. Quiere decir esto que, a partir de ese momento, el pueblo será el protagonista de la historia. Desde luego los avances son lentos y todavía hoy, principios del siglo XXI, no está nada claro que el pueblo haya alcanzado el protagonismo que se merece y que debe.

Los primeros pasos son la lucha contra el invasor por defender la patria, el pueblo se alza en armas y es protagonista, por fin, de su destino. Goya lo retrata magistralmente.

El segundo paso indudable hacia la modernidad es la aprobación de la Constitución de Cádiz (19 de marzo de 1912). El rey ya no es soberano si no que, la soberanía, reside en el PUEBLO.

Los siguientes pasos aunque lentamente van consumiendo el siglo. La formación de un parlamento, las elecciones, la formación del ejército popular en tiempos de Isabel II. La proclamación de la I República…

Los que construyen este modelo se llaman LIBERALES. El liberalismo si que es un verdadero movimiento romántico y revolucionario.

Por el contrario hay otro movimiento que intenta socavar estos principios y este proceso, se trata del CARLISMO.

Su lema es DIOS, PATRIA Y REY y, también el de: TRONO Y ALTAR. Es pues un movimiento contrarrevolucionario que intenta la superveniencia del VIEJO RÉGIMEN.

Las Guerras CARLISTAS no tienen nada que ver con el romanticismo. El romanticismo es un movimiento revolucionario que nace como consecuencia de racionalismo del siglo XVIII y pretende acabar con el viejo régimen. El ejemplo es Francia y, su instrumento, la guillotina.

La idea básica es arrasar todo lo que tenga algo que ver con el viejo régimen y se aniquila, sin compasión, a las personas y a las cosas que evoquen la monarquía absoluta. Por eso el romanticismo en el arte gusta de los cementerios y de las ruinas cubiertas de yedra.

El romanticismo político ha pervivido hasta nuestros días y en nombre del pueblo ha aniquilado, ha hecho tabla rasa con personas, instituciones y bienes. La revolución bolchevique o el nazismo son ejemplo de ello.

El romanticismo en el arte hace mucho tiempo que se superó, sin embargo, en la política todavía tiene su pervivencia.  La revolución romántica, hoy, intenta acabar con instituciones como la familia o la propiedad privada. El movimiento okupa pretende sustituir la familia por la comuna… etc., etc.

Ramón Cabrera terminó sus días reconociendo la restauración borbónica de Alfonso XII y casándose con una rica heredera inglesa. Hay que reconocer que él, tampoco a esas alturas era pobre. Las guerras mueven mucho dinero.

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