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martes, 24 de noviembre de 2015

Noviembre2015/Miscelánea. CASAS FUERTES DE LA PROVINCIA DE TERUEL

UNA CASA FUERTE
Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. (Don Quijote de la Mancha)
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CASTILLOS, PALACIOS, CATEDRALES, IGLESIAS, CONVENTOS, MASÍAS, MASÍAS TORREADAS, CASAS BLASONADAS, CASAS FUERTES Y CASAS HUMILDES. TRUJALES, PAJARES Y PARIDERAS
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De pequeño oía a menudo, en mi pueblo, la expresión: “Esa es una casa fuerte.” Del resto de las casas del lugar no se decía nada. Así, que, intenté comprender porque a unas casas determinadas se les llamaba FUERTES y a otras no. Y, claro, en estos casos lo mejor es la observación.
Las dimensiones del inmueble eran mayores y con más dependencias. Tenía planta baja, primer piso y graneros. Adosados a la casa un enorme corral con portón cubierto. Cuadra para los machos, cortes para los cerdos, conejeras, gallineros y hasta un palomar en lo alto de la casa. Cuando durante invierno, el ganado lanar no dormía en la paridera del monte, lo hacía en casa, en un cubierto adosado suficientemente grande.
Pero lo determinante para ser casa fuerte era, sin duda, el número de pares de machos para la labranza. Una casa empieza a ser fuerte cuando tiene/tenía dos pares de machos. El segundo aspecto determinante era el número de cabezas de ganado lanar (de 500 a 1.000). Y, en tercer lugar, y como consecuencia de lo anterior el número de personas que trabajaban en la casa: un pastor que se contrataba para la Sanmigalada y un mozo a tiempo parcial que según las tareas del año ayudaba al amo. El pastor cobraba en dinero y, también, pactaba llevar una punta de ganado propia. Esto le interesaba al amo, pues, si cuidaba bien sus ovejas cuidaría en los mismos pastos a las suyas, de lo contrario no tendría tanto interés. El mozo trabajaba para el amo a jornal pero, también, para poder hacerse sus faenas con el “par” que ocasionalmente le dejaba el amo.
La casa fuerte solía tener trujal propio así como pajar y era. Destacaba la importancia de la matacía: mataba al menos cuatro puercos y algún cordero. La conserva era abundante y siempre se guardaba una parte para la siega y la trilla.
Sobre el bienestar de los habitantes de la casa fuerte recaían, a menudo, las envidias de los demás vecinos. Una envidia que por una vez pudo ser saciada. Sucedió en el verano de 1936. Los “amos” de casa fuerte viéndolas venir huyeron a zona nacional. Los que quedaron fueron fusilados y abolida la propiedad privada, quemándose todos los archivos (esto en la parte oriental de la provincia, el Jiloca se libró).
Cuenta mi amigo "gachero" que, en la orgía de los primeros días de revolución (julio del 36) subieron ,en su pueblo, a los graneros de las casas fuertes y bajaron a la calle las tinajas de conserva. En la calle, remangados, en mangas de camisa, metían los hombres el brazo hasta el codo y sacaban tronchos de longaniza, lomo y costilla que comían haciendo grandes aspavientos.
Saqueada, luego la casa, lo que sucedió en el tiempo inmediato es ya conocido. Ahora en los pueblos suele haber también casas fuertes. Buen edificio construido sólidamente. Un par de tractores con toda su herramienta y almacén para grano. Lo que sucede ahora es que no hay envidias pues, el pueblo, está prácticamente vacío. Los que quedan son jubilados. En nuestros pueblos ahora hay paz, demasiada paz.... y silencio.
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