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Juan Cabré Aguiló hizo su discurso de entrada en la Real Academia de la Historia, en abril de 1910, hablando de lo que para él era un descubrimiento excepcional. Se trata de el "santuario" celtibérico de Peñalba en Villastar. Ponemos aquí las tres primeras páginas del discurso, porque está en Internet y es de fácil acceso. Pero, sin duda, lo que descubrirá el lector es estas páginas es la enorme talla humana e intelectual de Juan Cabré. Un investigador infatigable y codicioso de todos los saberes. Es una lástima que la provincia no lo promocione como, sin duda, el legado que nos deja se merece. Cabré , como el mismo señala era fiel a "nuestra madre común, nuestra maravillosa y amadísima España". Es pues, Juan Cabré, en estos tiempos confusos, una personalidad digna de ser estudiada por la firmeza de sus convicciones y por el infatigable esfuerzo con el que realizó tan extraordinario, en cantidad y calidad, trabajo.
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