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martes, 20 de enero de 2026

Enero2025/Miscelánea. EL HIYAB (VELO DE IMPUERZA) EN LAS RELIGIONES DEL LIBRO


Imagen de la Virgen en el Museo de Arte Sacro de Teruel.
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Las niñas musulmanas generalmente comienzan a usar el hiyab (pañuelo) a partir de la pubertad. Esto es así porque la mujer a partir de la primera menstruación se la consideraba/considera, impura. Esto sirve para todas las religiones nacidas en el Oriente Medio. La religión cristiana adopta este modelo. La mujer debe cubrirse la cabeza como símbolo de impureza. La evolución de este concepto es muy lenta, más, en la religión musulmana, que ha llegado sin cambios hasta nuestros días. Es un atavismo. Por esa razón la descripción de la Virgen María por el evangelista Lucas nos lleva a un modelo de representación en que la Virgen tiene cubierta completamente la cabeza. Habrán de pasar muchos siglos para que la Virgen se vea despojada del velo  de impureza. La Virgen es Inmaculada (Purisma) y fue proclamado este dogma de fe por el Papa Pío IX en 1854 a través de la bula Ineffabilis Deus. El conservadurismo de la Iglesia hizo que se tardara mucho tiempo a presentar a la Virgen sin el hiyab. Las monjas y particularmente las monjas de clausura han mantenido este tradición yihadista hasta nuestros días.

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ESTATURA FORMA Y TRAJE DE LA SANTÍSIMA VIRGEN CONFORME AQUÍ

DICE S. ANSELMO Y LA QUE PINTÓ SAN LUCAS

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Según San Anselmo, la Virgen María es la Madre de la Recreación, una figura de pureza inigualable que, al dar a luz a Dios, redime a la humanidad, superando en piedad y gracia a todos los santos y ángeles, y siendo indispensable para la salvación, actuando como mediadora por su perfección y su papel en la redención universal. Se la describe como un modelo de amor divino, vacía de sí misma y llena de Dios, cuya intercesión es esencial para sanar las heridas del pecado.

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Según San Lucas, la Virgen María es una mujer de fe profunda, humilde y obediente, modelo de discípula que acoge la palabra de Dios, reflexiona sobre ella ("guardaba estas cosas en su corazón"), y se somete a la voluntad divina, destacando su papel como portadora de Jesús, la "llena de gracia" y el arca de la Nueva Alianza, que vive la alegría y el asombro de la fe, desde la Anunciación hasta Pentecostés.

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LA VIRGEN EN EL BARROCO YA NO LLEVA EL VELO DE IMPUREZA

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