Poema a Gimeno de Rubén Darío
“A CONCEPCIÓN GIMENO DE FLAQUER
A orillas de estos lagos
de rítmicos murmullos,
espejo de los astros
del firmamento puro;
cabe estas vastas selvas
que de robles copudos
y de cedros enormes
fingen intercolumnios
gigantescos do vagan
los silvestres faunos;
desde la libre tierra
del Momotambo rudo,
que a la luz se recata
en ancho embozo de humo,
a nombre de mi patria,
Concha, yo te saludo.
¡Escritora!… Tú llevas
de tu alma en el fondo,
los fulgores de un astro
en su perenne voto;
es tu espíritu un cielo
azul donde en armónico
ritmo pasan brillando
sobre el límpido fondo,
las caudas esplendentes
de mil celestes bólidos.
Tienes del sol de España
las chispas en tus ojos,
y te has robado todas
las llamas de los trópicos.
Derramas dulces cantos
al son del arpa de oro
que besa el viento gárrulo
en apacibles soplos…
Vino una inmensa brisa
y trájonos tu acento,
a tal sazón las aves
tus notas repitieron,
y al oír extasiadas
tus divinos conciertos,
sentimos simpatías
en el fondo del pecho.
Yo pregunté curioso
a un pájaro parlero:
—¿De quién son esos trinos
que va llevando el céfiro?
Y el pájaro me dijo
estremecido y tierno:
—De una alondra española
que hizo su nido en México.
Si para los poetas,
para las poetisas
guarda la naturaleza
mágicas armonías;
a esa pauta grandiosa
has templado tu lira,
y así ríes y lloras,
y así cantas y trinas.
Tus cantos son preseas
de mil bellezas ricas,
ramilletes de violas
cortadas por las silfas,
collares de Zobeida
de perlas ormuzinas,
que el iris aprisionan,
que aroman y que brillan.
Todos los que te cantan
en armoniosos versos,
te llaman perla, Concha,
del océano inmenso…
Tú eres astro… y no dejas
de ser perla y lucero,
escritora inspirada,
que del mar de los cielos
en las ondas azules,
derramas mil destellos.
¡Bien hayan esos buzos
que se pierden al lejos
bogando entre esas olas
del hondo firmamento,
y escuchan la armonía
de miles de universos
en medio de esa banda
de pájaros de fuego!
¡Benditas las palabras
que brotan de tu pluma,
pues que ellas calman penas
y lágrimas enjugan!
Rocío de los cielos
que baja de la altura
sobre las almas tristes
como sagrada lluvia,
remedio de pesares
y bálsamo de angustias…
¡Bendita la escritora
de inspiración fecunda
que con su lira canta
y con su mente alumbra!
¡Dichosa la que gracias
y noble ingenio aduna,
tan sabia como bella,
tan bella como pura!
Concha, cuando estas notas
te lleguen en las alas
de los suaves favonios
y las silentes auras,
perdona si al concierto
que en tu loor levantan
con grata melodía
las musas mexicanas,
te mande un ramillete
de flores de mi patria,
cortadas en las vírgenes
selvas de Nicaragua.
RUBÉN DARÍO Managua,
República de Nicaragua, 23 de diciembre de 1885.”
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