Las
leproserías medievales, conocidas también como lazaretos, eran
instituciones de aislamiento obligatorio para personas con lepra, una
enfermedad temida y estigmatizada como un "castigo divino"
o "muerte en vida". Situadas fuera de las ciudades, estas
instituciones funcionaban como centros de reclusión, no de cura,
para prevenir el contagio.
Los
leprosos sufrían un estigma extremo, siendo forzados a vivir lejos
de la sociedad y a usar campanas o castañuelas para anunciar su
presencia, evitando el contacto con sanos. La llamada
"Muerte
en vida" era una ceremonia funeraria simbólica antes de su
ingreso, indicando que el afectado perdía sus derechos sociales y
civiles. A pesar de la segregación, muchas leproserías estaban
gestionadas por órdenes religiosas o iglesias, ofreciendo acogida,
cuidados básicos y asistencia espiritual. Aunque inicialmente eran
para la lepra, a veces albergaban otras afecciones cutáneas
contagiosas confundidas con ella.
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