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sábado, 23 de mayo de 2026

Mayo2026/Miscelánea. MIGUEL JUAN MARTÍNEZ DE SALAFRANCA

Placa en la calle de El Salvador que recuerda el nacimiento en Teruel de Miguel Juan Martínez de Salafranca
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Retrato de Salafranca en la Real Academia de la Historia
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Martínez de Salafranca, Miguel Juan. Teruel, 9.V.1697 baut. – Villel (Teruel), 29.IX.1772. Presbítero, capellán y académico fundador de la Real Academia de la Historia.

Biografía

Era el primogénito del matrimonio formado por Juana Ana Calvete Salafranca y Juan Bautista Martínez Nieto. Fue bautizado en la parroquia turolense de San Pedro Apóstol el 9 de mayo de 1697. Su padre era notario en Albarracín y falleció cuando Miguel Juan y su hermana Isabel aún eran muy pequeños.

Son escasos los datos que se conocen sobre la infancia y los años de formación de Martínez de Salafranca.

Pudo estudiar en el colegio de la Compañía de Jesús y ordenarse sacerdote hacia 1720. Antes de trasladarse a Madrid en la década de 1730 ejerció el cargo de racionero en la iglesia de San Pedro, donde había sido bautizado y donde su familia materna poseía el patronato de Nuestra Señora del Rosario.

Una vez en la Corte, Martínez de Salafranca ejerció de capellán del Buen Consejo y también del Colegio Imperial de San Isidro. Poseía una sólida formación en lenguas que le acreditaba como buen conocedor del griego, latín, hebreo, francés e italiano. De hecho, redactó varias gramáticas de algunos de estos idiomas.

Esto, unido a su gran capacidad intelectual, le permitió introducirse en los círculos cultivados de la capital y patrocinar algunas de las más destacadas empresas literarias de la época. Así, en 1736 publicó una de sus primeras obras titulada Memorias eruditas para la crítica de las Artes y las Ciencias, dedicada a Francisco Miguel Goyeneche, hijo de Juan de Goyeneche, tesorero de la Reina, a cuya distinguida tertulia debió de asistir. Salafranca también fue un personaje cercano al círculo de Feijoo, con el que compartía sus presupuestos intelectuales básicos.

Desde 1735, Salafranca participaba, además, en la tertulia que se reunía en casa del abogado Julián de Hermosilla, donde coincidía con el también capellán Leopoldo Jerónimo Puig y con otros eruditos y personajes influyentes de la Corte. En octubre de 1736 se incorporó a la Junta semanal de la ya por aquel entonces llamada Academia Universal, Francisco Manuel de la Huerta y Vega. Meses antes, las reuniones se habían trasladado a la sede de la Biblioteca Real y estaban comenzando los trámites para convertirse en Real Academia de la Historia.

En paralelo a este proceso y con el conocimiento de buena parte de los participantes en la Academia Universal, Salafranca, Puig y De la Huerta y Vega pusieron en marcha la publicación del Diario de Literatos, con la financiación del bibliotecario mayor Blas Nasarre.

El objetivo del Diario era dar noticia crítica de los libros que se imprimían en España para “Informar a la opinión y refutar lo que ciertamente concebimos como error”. El primer número se publicó en abril de 1737, dedicado a Felipe V, y el segundo en julio del mismo año. Dos ejemplares bastaron para provocar el malestar en ciertos círculos literarios y eruditos de la época, que no tardaron en contestar a las críticas de los diaristas y arremeter contra sus ocultos colaboradores.

El ataque puso en serio peligro las gestiones que se estaban realizando para que la Academia Universal, a la que pertenecían los tres diaristas, pasara a constituirse en Real Academia de la Historia, bajo la protección del Rey. De hecho, el éxito de esta empresa, que culminó con el Real Decreto de 18 de abril de 1738, pasó por la separación de Salafranca y Jerónimo Puig del grupo de académicos fundadores y por la desvinculación del Diario de Literatos, que tantos problemas había causado, de la nueva institución. Finalmente, Martínez de Salafranca fue dado de baja el 21 de abril de 1738, fecha de la primera reunión de la ya Real Academia.

Todo parece indicar que hacia 1744 Martínez de Salafranca abandonó Madrid y se instaló en Villel, debido un ataque de apoplejía. Su delicada salud no le impidió seguir trabajando y publicando, así como permanecer en contacto con el mundo cultural de Madrid. De hecho, la Real Academia de la Historia le nombró miembro honorario el 4 de octubre de 1748 y le ascendió a supernumerario el 15 de junio de 1759. Sin embargo, rechazó el cargo de canónigo de la catedral de Huesca para el que fue propuesto por Carlos III, por su delicado estado de salud. Miguel Juan Martínez de Salafranca falleció en Villel, el 29 de septiembre de 1772.

Texto de la Real Academia de la Historia

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