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domingo, 12 de abril de 2026

Abril2026/Miscelánea. VENDER LA LECHE CON CHORRADA

EL CAMIONETO DEL TIO FACUNDO

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En los años 60 y 70 del siglo XX, el sector lácteo en la provincia de Teruel se caracterizaba por una producción fragmentada, con pequeñas granjas locales y una distribución que comenzó a industrializarse hacia finales de ese periodo. Durante gran parte de los 60 y principios de los 70, la leche era suministrada principalmente por granjas locales y vacas lecheras de menor tamaño, algunas de ellas situadas incluso en zonas periurbanas de la capital. El epicentro de la producción, recogida y distribución de la leche se encontraba en Villaspesa (barrio de Teruel). La práctica habitual de las familias era, en Tortajada por ejemplo, como en la mayoría de los municipios de la zona, acudir a casa de “La Lechera” con un recipiente a adquirir el suministro diario de leche. Los excedentes los vendía el productor, cada vez más, a pequeñas compañías lecheras que ya se estaban instalando en Teruel capital, particularmente, en el polígono situado al inicio de la carretera de San Blas.

La venta de leche a granel era habitual y casi obligada en la ciudad de Teruel y en los pueblos circundantes en los años 60 y 70 del pasado siglo. También era una práctica habitual que el vendedor echara agua a la leche para vender más cantidad y obtener mayor beneficio a costa del consumidor engañado.

La consumidora local y la vendedora local eran conscientes del engaño. Por esa razón la vendedora al medir la cantidad de leche que expendía solía echar de añadidura un pequeño chorro más de leche. Esta cantidad extra se le llamaba “chorrada”. Luego, ya en casa, la mujer hervía la leche y por la cantidad y calidad de la nata que producía ésta, intuía la calidad del producto, es decir la cantidad de agua con que se había "bautizado" la leche.

También sucedía que a los pueblos del entorno de Teruel acudía el tió Facundo de Villaspesa con un “camioneto” a recoger la leche de los pequeños productores. El tió Facundo sabía que, también a él, le engañaban “bautizando” la leche. ¿Pero, cómo demostrarlo?

Pasaban los días y las gentes estaban seguras de que nunca podría demostrar, Facundo, la cantidad de agua que echaban a la leche.

Pero, como a todo cerdo le llega su San Martín, a los vendedores de leche de Tortajada (y de la redolada) les llegó su día. Y fue un día señalado. Llegó al “camioneto” de Facundo la primera cántara de leche (como todos los días), pero en esta ocasión, Facundo sacó de una cajica, un ampolla de cristal que introdujo en la leche y apreciando, ahora, la baja densidad de la misma por culpa del agua añadida, exclamó: ¡“Esta leche está bautizada”! y cogiendo la cántara, arrojó el líquido al río Alfambra (rio rojo) que ese día, cántara tras cántara, se convirtió en un río blanco lechoso. Quedó demostrado que todos engañaban al tio Facundo. Pero, a partir de ese día la cosa cambió y el “bautizo” dejó de ser práctica habitual, al menos con Facundo, que no con el pequeño consumidor que siguió comprando “leche con chorrada”, o sea, leche aguada.

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