LA COMIDA DE CONSUELO
En la esquela funeraria de Fernando Hué se señala explícitamente al final de la misma:
“Se ruega a las señoras acudan al funeral”
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Cuando en una esquela turolense de la década de 1930 se añadía explícitamente la frase "Se ruega a las señoras acudan al funeral", no era una simple frase de cortesía, sino una ruptura intencionada con la costumbre tradicional. Esto revela dos realidades sociológicas muy interesantes de la época: La necesidad de romper la norma de forma explícita. El reflejo de las clases urbanas e ilustradas.
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Las mujeres en Teruel tenían por costumbre no acompañar el féretro hasta el cementerio a principios del siglo XX. Las mujeres asistían a la misa de cuerpo presente en la iglesia y cantaban los rezos, pero una vez terminado el oficio religioso y al salir el cortejo hacia el cementerio, se despedían en la puerta del templo o de la localidad. Mientras los hombres formaban el cortejo fúnebre y caminaban hacia el camposanto para la inhumación, las mujeres regresaban directamente a la casa del difunto. En el hogar, se encargaban de rezar, recibir el pésame de los vecinos que no iban al cementerio y preparar la conocida «comida de entierro» o de consuelo para cuando los hombres regresaran.
