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jueves, 5 de noviembre de 2026

Noviembre2026/Miscelánea. EL MILAGRO DEL COJO PELLICER DE CALANDA

EL MILAGRO DE CALANDA

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DESPUÉS DEL MILAGRO

Para que la Iglesia apruebe un milagro (como el de Calanda) de curación en la actualidad, se exige el dictamen de una junta de médicos que certifique que el hecho es científica e inexplicablemente irreversible. Dado que la regeneración espontánea de un miembro amputado va estrictamente en contra de las leyes biológicas conocidas, y ante la falta de un caso moderno con pruebas médicas contemporáneas (radiografías, historiales clínicos digitales avanzados), la Iglesia no ha vuelto a fallar a favor de una restitución de este tipo.

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    EL MILAGRO

El milagro de Calanda es considerado uno de los sucesos más célebres y documentados de la historia de la cristiandad. Ocurrió la noche del 29 de marzo de 1640 en la localidad aragonesa de Calanda (Teruel), cuando al joven campesino Miguel Juan Pellicer le fue restituida de forma repentina su pierna derecha, la cual le había sido amputada dos años y medio antes. Año 1637, a los 19 años, mientras trabajaba en Castellón, Miguel Juan cayó de un carro cargado de trigo y una rueda le aplastó la pierna derecha. Tras una primera atención en Valencia, fue trasladado al Hospital General de Nuestra Señora de Gracia en Zaragoza. Debido a la gangrena, el cirujano Juan Estanga le amputó la pierna cuatro dedos por debajo de la rodilla. Un practicante del hospital enterró la extremidad en el cementerio del centro. Al no poder trabajar, subsistió durante dos años pidiendo limosna en las puertas de la Basílica del Pilar en Zaragoza. Cada tarde, ungía su muñón con el aceite de las lámparas que iluminaban a la Virgen del Pilar. El 29 de marzo de 1640, Pellicer regresó a su casa en Calanda. Esa noche, al quedarse dormido en la cama de sus padres, su madre entró en la habitación y descubrió con asombro que de la manta asomaban dos pies. Al despertarlo, comprobaron que tenía la pierna derecha completa, mostrando antiguas marcas como una cicatriz por mordedura de perro. El Arzobispo de Zaragoza, Pedro Apaolaza, abrió un proceso canónico formal en el que declararon decenas de testigos presenciales: los padres, vecinos, autoridades locales, el cirujano que realizó la amputación y el practicante que enterró la pierna. El 27 de abril de 1641, la Iglesia dictaminó oficialmente que la restitución de la pierna fue un milagro auténtico provocado por la intercesión de la Virgen del Pilar. La noticia tuvo un impacto masivo en la España del siglo XVII. El propio rey Felipe IV recibió a Miguel Juan Pellicer en la corte de Madrid y se arrodilló a besar la pierna recuperada. El reconocimiento del milagro culminó cuando Felipe IV (III de Aragón) recibió a Pellicer en Madrid y besó su pierna. En una monarquía absoluta donde el rey gobernaba por derecho divino, la validación real equivalía a un decreto de verdad incontestable para sus súbditos. Cuestionar el milagro habría sido visto no solo como una herejía, sino como un acto de deslealtad política.

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