“NOS, QUE SOMOS TANTO COMO VOS Y QUE JUNTOS VALEMOS MÁS QUE VOS,...”
Por Chusé María Cebrián Muñoz
*
EXCEPTO PARA TERUEL QUE TIENE LOS PROPIOS
En 1247, Jaime I promulgó los Fueros de Aragón (el Código de Huesca o Vidal Mayor) con la intención de unificar el derecho en todo el territorio. Sin embargo, Teruel se negó tajantemente a adoptarlos para no perder sus amplias libertades locales.
*
En las universidades medievales, las naciones eran agrupaciones o corporaciones de estudiantes y maestros organizadas según su procedencia geográfica (su lugar de nacimiento, su raza o su lengua materna). Y es que, el concepto de “nación” es un concepto medieval, que nace en la Edad Media y llega hasta nuestro días (Edad Contemporánea) con no poca vitalidad, particularmente en España. Quien mejor define y canta a la nación es Alfonso X el Sabio en su Crónica General de España. Alfonso X el Sabio vivió en la Edad Media (en el siglo XIII), concretamente entre los años 1221 y 1284. Si bien fueron los visigodos los que unificaron España bajo una misma corona, fue este rey castellano quien mejor supo describirla: «...entre todas las tierras del mundo España ha una estremanza de abondamiento et de bondad más que otra tierra ninguna... Pues esta España que decimos tal es como el paraíso de Dios». Tres conceptos básicos han definido siempre a la nación y que perviven actualmente con fuerza entre otros territorios, en el pueblo vasco, estos tres conceptos son: LA TIERRA, LA RAZA Y LA LENGUA.
La tierras: Para este rey, la nación es, en primer lugar, una tierra bendita y rebosante de riquezas de la que sus habitantes legítimos deben estar orgullosos. La raza: Identificada en el pueblo visigodo y, considerando el momento en que España se unifica políticamente bajo una sola corona y una sola fe cristiana. Y la lengua: Al elegir el castellano en lugar del latín para redactar la crónica general del reino, Alfonso X convierte la lengua vernácula en el vehículo de la identidad nacional.
Esta idea de nación tiene su momento de mayor esplendor durante la Edad Media. Con la llegada de la Edad Moderna este término “nación” comienza a decaer, mientras que la nobleza sigue aferrada a él. Este fenómeno de resistencia tiene una clara visibilidad en el reino de Aragón y particularmente en su nobleza. La Edad Moderna es la edad de la monarquía absoluta. Fernando II de Aragón es el mayor ejemplo y quien inicia este proceso de transformación institucional y social. El estado puede estar formado por varias naciones, pero debe tener un único rey todopoderoso, una única ley y, un brazo armado, capaz de hacerla cumplir. El ejercito lo forja el rey Católico durante las sucesivas campañas para la conquista de Granada y la ley única que le permitirá intervenir en los territorios señoriales y forales es La Inquisición (que entrega el Papa al Rey Fernando y a la reina Isabel). Desde este momento los reyes nombran al Inquisidor General (¿de quién depende la fiscalía?).
No es pues nada extraño que sea en tiempos de Felipe II, cuando el estado va tomando su forma definitiva que aparezcan resistencias en los territorios señoriales y forales. Los cronistas nos lo ponen de manifiesto. Echan la vista atrás y beben en la historia, en las tradiciones y en las leyendas para mantener el modelo tradicional que supone conservar el estatus de poder vigente. El cronista de Aragón Jerónimo de Blancas y Tomás fue coetáneo del rey Felipe II de Castilla, I de Aragón, quien reinó en la Monarquía Hispánica entre 1556 y 1598. La labor de Blancas como Cronista Oficial del Reino de Aragón se desarrolló desde 1581 hasta su fallecimiento en 1590. Blancas crea y difunde una fórmula de juramento de los reyes de Aragón que es pura invención. Esta formula se ha prodigado actualmente con suma fuerza en muchos territorios españoles y particularmente entre los partidos nacionalista para significar que, hubo al menos, un reino medieval donde el poder era pactado entre el rey y la nobleza, quizás el pueblo...: EL REINO DE ARAGÓN. La fórmula inventada y que tanto éxito ha tenido la pronunciaría el Justicia Mayor de Aragón solemnemente ante el rey en la ceremonia de coronación de esta forma: "Nos, que somos tanto como vos y que juntos valemos más que vos, os hacemos nuestro Rey y Señor, con tal que guardéis nuestros fueros y libertades, y si no, no".
Apoyándose, también, en los míticos pero inexistentes fueros de Sobrarbe hay otra frase lapidaria pero igualmente falsa que pretendía situar al rey por debajo de los fueros. Y es que, los levantiscos nobles de Aragón, no en pocas ocasiones lucharon contra sus reyes para obtener finalmente los “Privilegios de la Unión”. Pedro IV es llamado también el del Puñalet porque rasgó el pergamino de dichos privilegios y los arrojo al fuego mientras que el humo de la hoguera le hacía llorar. Sustenta esta idea la muy conocida expresión: "En Aragón antes fueron leyes que reyes" . Como veremos más adelante esta frase también es pura invención.
Teruel y su comunidad de aldeas era territorio foral y también un Juez, el juez Villanueba, se jugó la vida ante Alfonso V el Magnánimo al pretender mantener su autoridad en el pleno de la Sala del Concejo sobre el poder real. El fuero, todo fuero es una concesión del rey apelando al poder divino (por la gracia de Dios) como fórmula teórica. Así comienza el Vidal Mayor: Nos, don Jaime, por la gracia de Dios rey de Aragón y de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y... Es pues el rey quien otorga los fueros y no los fueros quienes crean la potestad real.
Los actuales partidos nacionalistas/regionalistas buscan su justificación recreando una idílica Edad Media, no la de los señores de horca y cuchillo y pernada, sino una Edad Media del Pacto y del Derecho (Fuero).
Pedro IV el Ceremonioso en pleno siglo XIV marca, en la ceremonia de su coronación, el rumbo de los tiempos, describe la ceremonia y deja claro la estructura de poder medieval.
Ahora, a continuación, veremos como fue la ceremonia de la coronación de los reyes de Aragón desde Ramiro I hasta Fernando el Católico. Este repaso nos permite aclarar y separar los que fue historia y los que fueron mitos y crónicas interesadas. La ceremonia de coronación de los reyes de Aragón evolucionó desde simples aclamaciones hasta un sofisticado rito litúrgico medieval caracterizado por la "autocoronación" del monarca. Los primeros reyes (desde Ramiro I hasta Sancho Ramírez y Petronila) no realizaban una ceremonia de coronación litúrgica propia, sino aclamaciones o actos de vasallaje ante el Papa. Pedro II viajó a Roma y fue coronado por el papa Inocencio III, recibiendo la corona, el mantum, el cetro, el orbe y la mitra. Pedro III instauró la primera coronación litúrgica en la Catedral de Zaragoza (La Seo), oficiada por un arzobispo (a partir de 1318, el arzobispo de Zaragoza). El rey Pedro IV fijó el ordo coronationis definitivo, redactado en latín, catalán y aragonés, cuyo testimonio más célebre es el Ceremonial de la consagración y coronación. Fernando I de Antequera (primer rey de la dinastía Trastámara) protagonizó la última coronación solemne en La Seo tras su nombramiento en el Compromiso de Caspe. Sus sucesores (como Alfonso V y Juan II) optaron por jurar directamente los Fueros de Aragón.
PEDRO IV Y SU PECULIAR CORONACIÓN
La coronación de Pedro IV el Ceremonioso (Pedro IV de Aragón) tuvo lugar el 21 de abril de 1336 en la Catedral de la Seo de Zaragoza. Fue un acontecimiento de enorme trascendencia política y simbólica, ya que el propio monarca diseñó minuciosamente el ritual para consolidar la preeminencia del rey frente a la nobleza. La ceremonia rompió de forma voluntaria con varias tradiciones y estuvo marcada por los siguientes elementos clave: El Papa había decretado que los reyes de Aragón debían ser coronados por el arzobispo de Zaragoza. Sin embargo, Pedro IV quería dejar claro que su poder real procedía directamente de Dios y no de la Iglesia ni de la aprobación de los nobles. La noche anterior a la ceremonia formal, Pedro IV entró secretamente en la catedral, tomó la corona dispuesta en el altar y se la colocó a sí mismo en la cabeza. Al día siguiente, el arzobispo de Zaragoza, Pedro López de Luna, no pudo coronar al rey; su papel se limitó únicamente a consagrarlo y ungirlo con los santos óleos.
La nobleza aragonesa (organizada en la Unión) exigía que el monarca jurara los Fueros de Aragón antes de ser coronado, como muestra de sumisión a las leyes del reino. Pedro IV se negó rotundamente y alteró el orden: se coronó primero y solo después juró los fueros.
Monumento al Justicia Mayor de Aragón Juan de Lanuza en Mozo en la plaza de Aragón de Zaragoza.
***
*

