La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad crónica, inflamatoria y autoinmune que afecta al sistema nervioso central, el cual incluye el cerebro, la médula espinal y los nervios ópticos. Ocurre cuando el sistema inmunitario ataca por error la mielina, la capa protectora que recubre las fibras nerviosas. Al dañarse esta cobertura, las señales eléctricas se ralentizan o se interrumpen, lo que genera cicatrices (esclerosis) y provoca fallas de comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo .
Sintomatología común
Se le conoce popularmente como la "enfermedad de las mil caras" porque sus síntomas varían enormemente en cada persona y cambian con el tiempo. Los signos habituales incluyen:
Visión borrosa, visión doble o pérdida parcial de la vista.
Debilidad en las extremidades, rigidez muscular, espasmos y pérdida de equilibrio.
Entumecimiento, hormigueo o sensación de descarga eléctrica en la espalda.
Un cansancio físico y mental severo que no mejora con el descanso.
Problemas con la memoria, la concentración y la velocidad de pensamiento.
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Tipos de esclerosis múltiple
La evolución varía según el paciente, clasificándose principalmente en
Remitente-recurrente (EMRR) El tipo más común. Se presenta mediante brotes donde los síntomas empeoran, seguidos de periodos de remisión total o parcial.
Primaria progresiva (EMPP): Los síntomas empeoran de forma gradual y continua desde el inicio, sin brotes definidos ni remisiones claras.
Secundaria progresiva (EMSP): Aparece después de una fase inicial de brotes, evolucionando hacia un empeoramiento constante de la discapacidad.
La causa exacta sigue siendo desconocida. Los investigadores consideran que se genera por una combinación de factores genéticos, factores ambientales (como la falta de vitamina D o el tabaquismo) e infecciones virales previas. Suele diagnosticarse con mayor frecuencia en mujeres y en personas de entre 20 y 40 años de edad.
Diagnóstico y tratamiento
No existe una única prueba para detectarla. Los neurólogos combinan el historial médico con resonancias magnéticas cerebrales, punciones lumbares y exámenes físicos. Aunque actualmente no tiene cura, los tratamientos modernos con medicamentos moduladores del sistema inmunitario retrasan eficazmente el avance de la enfermedad, reducen los brotes y mejoran significativamente la calidad de vida de los pacientes.
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