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El encaje de bolillos llegó a la provincia de Teruel de manera generalizada e intensa durante el siglo XIX y principios del siglo XX, consolidándose como una labor doméstica esencial en el entorno rural. Previamente, entre los siglos XVI y XVIII, el encaje penetró comercialmente en las comarcas turolenses orientales (como el Matarraña y el Maestrazgo) debido a su proximidad geográfica y comercial con las ricas zonas textileras catalanas y valencianas, donde el encaje ya estaba plenamente implantado. Durante el siglo XIX dejó de ser solo un bien de comercio para convertirse en una tarea cotidiana en los hogares. Las mujeres turolenses elaboraban sábanas, mantelerías y ajuares utilizando almohadillas cilíndricas adaptadas con mecanismos locales (como ruedas sin fin para girar el patrón cómodamente). Hoy en día, Teruel mantiene viva esta tradición no ya como industria, sino como un valor cultural. Localidades como Calaceite o Cabra de Mora celebran anualmente multitudinarios encuentros nacionales de bolilleras que congregan a cientos de artesanas. El Museo de Teruel conserva y expone herramientas tradicionales de bolillos que datan de mediados del siglo XX. El Encuentro de Bolillos de Calaceite es el único evento de carácter nacional en toda la Comarca del Matarraña. Se celebra anualmente a principios de junio en el Pabellón Municipal de Calaceite. Reúne a más de 200 participantes de toda España, incluyendo delegaciones de Cataluña, Valencia, Barcelona o Salamanca. Otra localidad destacada de la comarca es Cretas, cuya asociación local ha organizado multitudinarios encuentros comarcales agrupando a más de 150 artistas del encaje. En estos eventos se comparten técnicas tradicionales mientras se degustan los dulces típicos del Matarraña
Entre Italia y Flandes.- La técnica del encaje de bolillos nació en la Europa mediterránea y occidental (principalmente entre Italia y Flandes) durante el siglo XV y XVI, evolucionando a partir de la pasamanería y el trenzado de hilos. Ciudades como Génova y Milán en Italia, así como los talleres en Flandes, perfeccionaron y popularizaron el entrelazado de hilos sobre una almohada con alfileres en el siglo XVI. La técnica llegó a la península ibérica a través del comercio y el movimiento de tropas. En España arraigó con gran fuerza en zonas costeras e interior, destacando profundamente lugares como Camariñas (Galicia) y localidades de Cataluña (como l'Arboç) y la Comunidad Valenciana, donde se convirtió en una tradición artesanal única transmitida de generación en generación.
