LOS SAGRADOS CORPORALES DE DAROCA Y BENEDICTO XIII
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La intervención del Papa Luna (Benedicto XIII) en la celebración del Corpus Christi en Daroca fue de una enorme magnitud y de un altísimo valor patrimonial. Aunque la festividad en sí y el culto a los Santos Corporales ya existían debido al milagro eucarístico del siglo XIII, el pontífice aragonés elevó el prestigio de la procesión y de la propia Iglesia de Santa María de Daroca mediante dos aportaciones clave. Primera: el Papa Luna intervino directamente enriqueciendo el ajuar litúrgico de la festividad. Hacia el año 1395, donó a la Colegiata de Santa María una de las piezas textiles medievales más valiosas del mundo: la Capa de Daroca. Es una obra maestra de bordado inglés (opus anglicanum) elaborada a finales del siglo XIII. Esta fastuosa capa pluvial, que muestra escenas del Génesis, fue utilizada por los priores de Daroca durante siglos únicamente para oficiar la solemnidad y la procesión del Corpus Christi, convirtiéndose en el gran símbolo visual y de prestigio del ritual.
Segunda: el Papa Luna utilizó su autoridad pontificia para favorecer a la institución religiosa local. El prior de la Colegiata de Santa María de Daroca en ese momento era Francisco Clemente, un clérigo de su absoluta confianza y estrecho colaborador en la corte papal. A través de esta alianza, Benedicto XIII respaldó de forma oficial la devoción darocense hacia los Santos Corporales, consolidando la ciudad como uno de los centros de peregrinación eucarística más influyentes de la Edad Media.
LA SÁBANA SANTA VERSUS LOS CORPORALES DE DAROCA
El Papa Luna intervino directamente en la gestión de ambas reliquias (sábana y corporales), pero las potenció de manera completamente opuesta: mientras impulsó con fervor y máximos honores los Corporales de Daroca, frenó, limitó y devaluó el culto a la Sábana Santa (entonces ubicada en Lirey, Francia), prohibiendo explícitamente que se la calificara como el verdadero lienzo funerario de Cristo. En lugar de cuestionarla, el Papa Luna validó la reliquia de los Corporales donando la espectacular Capa de Daroca, forzando que se usara exclusivamente para dar el máximo esplendor a la procesión del Corpus Christi. Al elevar el estatus eclesiástico de la Colegiata de Santa María, convirtió a Daroca en un fortín de fidelidad hacia su papado, promoviendo las peregrinaciones eucarísticas oficiales. Para el Papa Luna, los Corporales de Daroca eran una reliquia indiscutible que reforzaba el dogma católico y aseguraba la lealtad del Reino de Aragón a su causa política. En cambio, la Sábana Santa de Lirey era un foco de disputas eclesiásticas y acusaciones de estafa en suelo francés, por lo que decidió rebajarla oficialmente de categoría y despojarla de los honores que sí concedió a la reliquia aragonesa.
