EL PORTERO DE LA VILLA
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Los guardianes de las puertas de una villa o ciudad amurallada en la Edad Media eran fundamentales para la seguridad y el control económico, actuando como la primera línea de defensa y control de acceso. Inspeccionaban a forasteros, vigilaban la entrada y salida de personas y verificaban la identidad, especialmente de los no residentes. Cerraban las puertas al anochecer y abrían al amanecer, asegurando la villa durante la noche. Recaudaban impuestos o tasas sobre las mercancías que entraban a la ciudad (derechos de portazgo). En caso de ataque, custodiaban la zona más vulnerable de la muralla.
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EVOLUCIÓN DEL OFICIO
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EL PORTAZGO Y EL PONTAZGO
El portazgo es un antiguo impuesto medieval y moderno aplicado en reinos como Castilla, Aragón y Navarra por el tránsito de personas, animales o mercancías a través de caminos, puentes (pontazgo) o puertas (portazgo) de ciudades. Funcionaba como una tasa indirecta, a menudo gestionada por señores feudales o la corona, similar a los actuales peajes.
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EL CONSUMERO
Un consumero era un funcionario municipal encargado de cobrar los impuestos sobre el consumo de mercancías (alimentos, bebidas, leña) a la entrada de las poblaciones, principalmente durante los siglos XIX y principios del XX. Trabajaban en casetas en los portales de entrada, a menudo enfrentando agresiones de vendedores.





























